Libros/Miscelánea

Dioses, calabazas y ocre: lecturas para Halloween (y más)

Bajo las máscaras de scream y las calabazas decoradas, hay una riqueza de tradiciones y leyendas ya apenas audibles, aunque muy presentes durante lo que llamamos “Halloween”. La noche del 31 es una víspera solemne para el cristianismo, pero también  coincide la fecha con los festejos al recoger la cosecha, incluso, es tiempo en que los dioses, elfos y espíritus, dicen que recorren la tierra. En este post os propongo un brevísimo recorrido por aquellas tradiciones múltiples y mezcladas que hay detrás de esta celebración, principalmente en lo que llamaríamos región europea, porque no olvidemos que hay muchas más, aunque aquí no las atendamos. Una vez evocadas, propondré diversas lecturas que suelen acompañarme en estos días.

De la calabaza y el ocre

La piedra de toque de esta celebración son los festejos de recogida de la cosecha que se solaparon y configuraron esas tradiciones nórdicas y célticas que luego veremos. Suponen la alegría de recoger lo plantado y el prepararse para el ciclo del frío y el invierno, en el que el monarca es la noche. Esta cuestión siempre me termina por desembocar en lo metafórico de los ciclos y la belleza de lo otoño; ver cómo comienzan a languidecer los entornos aguardando al estallido de vida que comenzará meses después. Sin embargo, tachar al otoño como época de solo sueño es injusto y sobre todo inexacto, pues crecen otras vidas en la tierra. Inevitablemente mi mente, y cuando pueden, mis pies, se van en busca de bosques húmedos, de helechos radiante en su verde y árboles altos y solemnes.

220px-Henry_David_Thoreau_-_Dunshee_ambrotpe_1861.jpg

H.D. Thoreau

De este modo, y ante esta llamada de la naturaleza, Walden de Henry David Thoreau (Errata Naturae, 2013, aunque también edición en Cátedra) se configura como una de las lecturas ante el mediodía del otoño y el invierno ya próximo, tanto en su sentido de cercanía a la naturaleza, como su dimensión más política. Por otro lado, otra manera de sumergirse en el plena corriente natural, bien sea esa llamada de atención de Rachel Carson y Su sentido de Asombro. Por el gusto al campo y al fluir las estaciones, recordamos a José Antonio Muñoz Rojas y Las cosas del campo (Pretextos o Renacimiento), que resulta ser un ejercicio literario de amor por la naturaleza y sus gentes, pero también por aquellos oficios y cotidianidades ya desaparecidas aunque siempre accesibles gracias a estos testimonios.

De los dioses y los santos

oseburgburial.jpg

Cabeza del barco funerario de Oseberg*

Pero sin duda las raíces de esta celebración en su dimensión trascendental y de conexión con los espíritus, tiene origen en la fiesta Samhain, de procedencia celta. Para los celtas y otras tradiciones antiguas paganas, esta fiesta suponía la entrada de un nuevo año, marcada por la despedida del verano y la entrada de la época oscura. En esa noche, que bien no tenía porque coincidir con nuestro 31 de octubre, la separación entre el mundo de los vivos y la de los difuntos es la más porosa. Los espíritus y los dioses recorrían en nuestro mundo; los antepasados eran bien recibidos, pero no eran los únicos que llegaban a visitarlos, ya que entre ellos se encontraban otros malignos. Las gentes para ahuyentarlos, cuentan, se disfrazaban, siendo la base de los disfraces que se usan en la actualidad. También, era la noche de las adivinaciones con la esperanza de saber la suerte, o la desgracia, a las que tendría que verse en meses sucesivos. Tampoco hay que perderse otras festividades paganas, que aunque a mitad de octubre, como las Freysblot o Veturnaetur del norte de Europa, tenían unos fines más o menos similares. En ellos,  se hacían sacrificios y ofrendas a los dioses y a los elfos para que bendijeran las cosechas recogidas, mientras se pedía clemencia en la llegada de la época oscura, tan temida, y para que las cazas invernales, de las que se decía que eran encabezadas por Odin, fueran en buen término. Son solo algunos ejemplos, de las diferentes tradiciones y leyendas vinculadas a estas festividades, ya sea en Europa como España, por ejemplo en Galicia y en el norte de la península Ibérica, que aún permanecen vivas y en un proceso de relativa recuperación por los diferentes movimientos.

TODOS LOS SANTOS (1423-24), Fra Angelico, tempera on wood, 31,9x63,5 cm National Gallery, London.jpg

Fra Angelico, Todos los santos (ca.1423-24), National Gallery, Londres

Las épocas a los que nos hemos referido, de manera general, oscilan desde Edad del Hierro como en  el Medievo. Ya en época cristiana, debido al impulso de los papas Gregorio III y Gregorio IV (en los siglos VIII-IX), intentaron revestir esta festividad pagana acercándola a la cristiana. Así se implantó la festividad del Día de Todos los Santos el 1 de noviembre. En esta fiesta se celebra actualmente el goce de aquellas almas que están ante la presencia de Dios, sean santos o beatos, y desde hace relativamente poco tiempo, también los que no han sido santificados.

De este modo, con tantos dioses, elfos y creencias, es imposible no sentirlos merodeando en estos días. Así, el latir de las viejas leyendas se pueden recuperar bajo la mirada y el sentir que todo puede ser. Uno de los que se postulan como un clásico son los Textos Mitológicos de las Eddas (Ediciones Miraguano) de escaldo islandés Snorri Sturluson (siglo XII) y las Leyendas y cuentos vikingos seleccionadas y contextualizadas por el profesor Edorta González. Para los más celtas, otro clásico de T. W. Rolleston con Mitos y leyendas celtas (Turner), con un estudio algo desfasado y superado por la historiografía actual sobre estos temas, pero cuya segunda parte con la selección de las leyendas y los mitos es maravillosa.

manuel_llano_1.jpg

Manuel Llano Merino

Sin querer olvidarse de aquellas criaturas y dioses que moraron (y aún quizá hoy) por la geografía próxima, señalamos a uno de mis escritores favoritos, Manuel Llano Merino (siglo XX) y sus Mitos y leyendas de Cantabria (Librería Estudio), en el que el autor, con su particular estilo, desbroza y nos acerca a esos mitos. Por desgracia es muy difícil de encontrar.

En otro orden de cosas, pero continuando con la presencia de los dioses y otras criaturas, señalamos American God de Neil Gaiman. Si bien es cierto, es una novela de fantasía, aunque de difícil clasificación, bebe de estas fuentes anteriores y hace que los diferentes dioses y criaturas de múltiples panteones gocen de gran realidad.

De los espíritus y el terror

Un clásico entre los clásicos en estas noches, en especial el día 31, son los fantasmas. Ya los celtas, fueran quiénes fueran, señalaron esta noche como porosa, y así bien, para recrearnos en estos fantasma y extraños sucesos apenas explicables por la racionalidad, pero bendito sea por la sal que dan en esta vida. Y no solo sal, sino también una forma de presentar aquellos miedos que no nacen de fuera, sino que son ecos de uno mismo. Son muchísimos los libros y cuentos que se vienen a la mente, sobre todo a partir del siglo XIX y principios del XX. Sin embargo, como propuestas destacamos:

cuento_Guy-de-Maupassant_mozo-un-bock.jpeg

Guay Maupassant

El hombre de Arena y otros cuentos de A.T. Hoffmann (Valdemar), que ha provisto al imaginario colectivo del terror romántico con historias de vampiros, de autómatas. Guy Maupassant: Cuentos de terror, locura y muerte (Valdermar) o La Horla y otros cuentos (Cátedra) es otro de los escritores considerados maestros de la literatura del terror en el que la locura es una de las principales protagonistas, como un elemento terrorífico, no tanto los fantasmas en sí.

3dcc5cd927d22bafd8b5818afccc825254b64539.jpeg

Edith Wharton 

Edith Wharton es también una interesante compañera para estas noches terroríficas. A veces traducido como Cuentos Inquietantes (Impedimenta) y otras como Cuentos de fantasmas (Alianza Editorial) los cuentos de esta autora no dejan a nadie indiferente por estipularse como perfectos cuentos de terror de fantasmas acercándose a ese género gótico norteamericano pero aportando una deje de cercanía, ya que a menudo sucedían en lugares cotidianos y a personas comunes, no solo en mansiones o en castillos. La poeta argentina Alejandra Pizarnik, La Condesa sangrienta, (Libros del Zorro Rojo) retomó e investigó la vida de la sangrienta Erzsébet Báthory, la famosa condesa húngara que cometió cientos de crímenes. La leyenda de la condesa la precede, aún más interesante aún cuando es relatada por la metáforas y escritura tan particular de Pizarnik. Y para terminar, aunque poco esté por el blog a pesar de mi gran admiración: Virginia Woolf. La escritora tiene cuentito corto llamado “la Mujer del espejo” que por su profundidad y su terror psicológico y subjetivo bien merece coronar y servir de resumen a tales oscurantismos.

e1b814a4582b0102ce77aba0998c956a.jpg

Virginia Woolf

Y a vosotros ¿qué os evoca estos días cercanos al 31 de octubre? ¿con qué lecturas os gusta pasar la noche de Halloween?

PD: *La imagen del barco  de Oseberg está extraída de un articulito con más imágenes arqueológicas:  http://irisharchaeology.ie/2012/09/the-oseberg-viking-ship-burial/

**La imagen principal es de Kilian Schoenberger, fotógrafo alemán que ha llevado acabo el interesante proyecto titulado Broothers Grimm´s Homeland. En esta serie, el autor ahonda en los paisajes evocados por los hermanos Grimm en entornos de hoy en día situados en remotas áreas de centro Europa.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s