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La España turística de Edgar Neville

El primer acercamiento que hice al libro Mi España particular de Edgar Neville fue en una biblioteca. Leí el nombre del autor, lo conocía por sus películas antes de la guerra civil, así como las que filmó después y algunos escritos e, inmediatamente, supe que tenía que tomarlo prestado.

Según fui pasando las hojas, y como era de esperar, se trataba de un libro reeditado en 2011 por la editorial Reino de Cordelia. Sin embargo, tuvo una primera edición sacada a la luz por Taurus en 1957, pocos meses después de que fuera escrito. Según se comenta en la contraportada, el cineasta un año antes de la edición se recorrió España en un lujoso coche que había ido a comprar a Londres

Si atendemos al título, es fácil preguntarse ¿qué quiere decir Neville con Su España particular? El texto recoge diferentes caminos a llevar por España, dejarse llevar en este país, carreteras que recorrer, hoteles donde hospedarse, restaurantes recomendados, etc. En definitiva, estamos ante una guía sobre la España de 1957, aunque también se podría extrapolar a nuestro país a día de hoy. Esto se puede afirmar al encontrar notas al pie de página reseñando si los restaurantes y hoteles nombrados continúan aún en activo o, por el contrario, no ha sido posible encontrar datos sobre estos.

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De esta forma, estamos ante un libro turístico, que nos muestra rutas de viaje que siguen en vigencia o restaurantes atendiendo a su especialidad. Este último aspecto, el gastronómico, resulta un atractivo extra a la selección de lugares que hizo Neville al poder leer y conseguir que la boca se vaya haciendo agua lentamente según las páginas van avanzando. Definiendo el contenido de su libro basado en alojamiento, rutas y gastronomía, otros aspectos se dejan de lado e, incluso, el autor recomienda la consulta de otras guías complementarias. Me estoy refiriendo a monumentos, museos, arquitectura reseñable de diferentes lugares que, en escasas ocasiones nombra y describe. Tampoco atiende, por tanto, a una descripción detallada y comprensión de tradiciones según las diferentes regiones por las que pasa. Algunas excepciones podrían remarcarse, como la relevancia de la Virgen del Pilar en Zaragoza, la cual nombra muy someramente y sin entrar en detalles.

En cuanto a la estructura del libro, este responde a una división por regiones y rutas en carretera. Así, se comienza con la ruta Irún-Madrid (probablemente la que llevó tras su regreso de Londres con su recién estrenado Aston Martin), para culminar en las zonas más meridionales de la península como Huelva o las islas Baleares y Canarias. Además, Fernando R. Lafuente presenta un prólogo recogiendo y adelantándonos a las lecturas que vienen a continuación, sin aportarnos una lectura y conclusiones críticas del libro. Por último, se presentan varios anexos al libro recogiendo una selección de vinos y los hoteles y albergues nombrados, junto a los restaurantes.

Como ya he venido anunciando en los párrafos anteriores, estamos ante una guía turística realizada a mediados del siglo pasado, pero que todavía se encuentra en vigor como se dio cuenta la editorial. Tanto el prologuista como Edgar Neville nos definen el público al que va dirigido el libro: turistas españoles adinerados o turistas extranjeros -a los que recomienda incluso que prolonguen su estancia en España entre dos y tres semanas. Este último tipo de público lector se aprecia en algunos comentarios de Neville tales como el avisar a los turistas que Andalucía es la tierra desde donde surgieron, allá por el siglo XIX y se siguen manteniendo hoy en día, los estereotipos de los españoles basados en el flamenco.

Asimismo, con esta guía de viaje se continuaba la tradición de los libros de viaje, esos que recomendaban el tour italiano, o los que exaltaban en el siglo XIX el sur de Andalucía o, incluso, la Alhambra de Granada. Si en 1957 encontramos de su puño y letra esta guía, en el año 2014, como os he contado en otro post, Helena Attlee también se aventuró a firmar su propio tour italiano. Por tanto, la continuación de los libros sobre turismo prolifera y continúan dándose, especialmente esos firmados por especialistas o expertos que se presentan como individuos con esos conocimientos.

Leer el pasado

Como todo texto escrito, este también posee un contexto concreto. En muchas ocasiones, los historiadores tomamos textos escritos en otra época para su mejor comprensión. En este caso Neville nos deja comprender los cambios que ha sufrido la sociedad, el auge del turismo, sus raíces y algunas modificaciones en los alojamientos. Vamos a verlo.

Uno de los elementos que me llamó la atención fue la fecha de su escritura ya que se corresponde con pocos años antes a la explosión de la llegada del turismo extranjero a las costas mediterráneas. Es decir, estamos ante una época incipiente del turismo en España. De esta forma, nombra el cineasta la presencia de familias acompañadas de la niñera en las playas. Según iba leyendo, la imagen que me vino a la cabeza fueron las nodrizas y niñeras de finales del XIX y principios del XX en la playa de la Concha cuidando de los niños. Sin embargo, no asimilaba esta situación y que pudiera seguir siendo bastante común a mediados del siglo XX.

Igualmente, algunos centros turísticos fueron destacando. A este título respondió Marbella donde el turismo comenzaba a despuntar, aunque en un primer momento primó la llegada de visitantes nacionales. En cuanto a los extranjeros, Neville nos hace recordar la presencia de aeropuertos en zonas estratégicas como fue la Costa del Sol, por lo que la llegada de turismo de fuera fue más fácil de incorporar. Además, y siguiendo esta línea, las islas Canarias y Baleares también se constituyeron como un centro de recepción importante.

Si cambiamos de tercio y atendemos los alojamientos, estos también pueden mostrarse como centros de cambio a lo largo del tiempo. Apuntaba, el autor en varias de las rutas, la presencia de albergues de turismo como uno de los lugares donde pasar la noche. No solo se quedaba aquí, sino que estos, a diferencia de otros establecimientos, constaban de agua caliente por lo que la estancia era mucho más placentera. Estos albergues de turismo poseían, por tanto, todo lujo de detalles, tal y como muchos hoteles se presentaban. Apunto desde aquí al cambio de significado de albergue a lo largo de los años. Mientras que a mediados del XX albergue estaba unido a albergar, cobijar y hacía referencia a establecimientos en buenas ocasiones, ahora queda asociado a un alojamiento barato y, normalmente, dirigido hacia los más jóvenes.

Por tanto, Neville descargó toda su subjetividad en Mi España particular al narrarnos su selección de lugares, carreteras o vías españolas. Se trata de un libro fácil de leer, en donde a veces logramos reírnos y que nos hace recordar la variedad de paisajes que tiene nuestro país, de este a oeste y de norte a sur. Para los aficionados al pasado, a ver qué rasgos siguen configurando nuestra sociedad y comprenderla mejor, os recomiendo echarle un ojo y disfrutar leyendo su España particular.

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