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¿Pueden hablar los subalternos (en el arte)? Mateo Maté en la Sala Alcalá 31

Canon: procedente del griego, kanon, baqueta, palo o un instrumento de medida.

Con esta referencia a su significado primigenio culmina el texto firmado por el profesor Fernando Castro Flórez en el catálogo de la exposición Mateo Maté. Canon que podemos ver hasta el 23 de julio en la Sala Alcalá 31. Sus palabras ponen negro sobre blanco la obra del artista Mateo Maté.

Y cuando decimos negro sobre blanco, no solo hacemos referencia a los comentarios esclarecedores del profesor -acompañados de los de José Miguel Marinas-, sino también a las primeras impresiones al entrar en Alcalá 31. Pequeños trazos de negro definen, sobre un inmenso fondo blanco, las acepciones de canon -igual procedimiento encontramos en la portada del catálogo. Solo era de esperar que, una vez pasada la muralla que nos impide ver el contenido de la muestra, se siguiera la misma estela basada en el binomio de blanco y negro. Así era, un blanco inmaculado dominaba las esculturas, aunque estaba roto por cintas negras que entre todas ellas formaban un laberinto. A partir de aquí, estos dos serán nuestros elementos conductores por la sala.

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Mateo Maté, que nos hizo de guía por el espacio de Cultura de la Comunidad de Madrid, recupera con esta muestra sus conocimientos de escultura para realizar las obras que vemos. Muchos de estos han recibido leves modificaciones, mientras que un pequeño número de estas proceden del Museo Nacional de Escultura. Se trata, pues, de una revisión arqueológica de lo clásico. Mediante estas obras, Maté continúa su travesía artística removiéndonos la mente. Partiendo de la base que somos atravesados por normas visuales, juega con el canon o kanon como apuntábamos con anterioridad. Como ha ido realizando en proyectos anteriores, parte de la base de la reapropiación de algunos objetos, en otras ocasiones fueron objetos domésticos, del día a día, como en Campo de batalla (2011). Otras veces ha jugado con la militarización del ámbito doméstico como apuntaba Castro Flórez, la videoviligancia y el camuflaje o con el mismo concepto de artista como en Reliquias de autor (2008). Siguiendo al profesor, parece como si en todas ellas jugara con la liminaridad, esos límites entre los conceptos y sus aplicaciones como sucedía con el concepto de construcciones domésticas de su obra, donde parece que las identidades se desvanecen. Esto mismo vuelve a suceder con el concepto que nos trae a coalición: canon.

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Mateo Maté, Nacionalismo doméstico

Parte Maté de que el canon actual tiene mucho que ver con el griego. A pesar de que el nuestro se distribuye y recepciona por la publicidad, medios, etc., la idea de cuerpo ideal continua presente en nuestro ambiente. Mientras que, en la antigua Grecia, dice Maté, se prefería el ideal de cuerpo de siete cabezas, el actual se basa en ocho cabezas, muy cercano a la figura de Apoxyomenos de Lisipo. Por tanto, si lo que nos había presentado en otras ocasiones era una reapropiación de los objetos que giraban entre lo doméstico y social, en esta ocasión no se queda atrás recuperando y rehaciendo vaciados de esculturas que han conformado hitos en la historia del arte.

Canon

Al principio de esta reseña tomábamos prestado el cambio de significado de canon. De esta forma, se pasó de la parte al todo, es decir, de instrumento de medida que se empleaba en las esculturas, el canon se convirtió en la medida del mundo, de las cosas, las reglas a seguir en el arte y, posteriormente, también en la vida.

Sin embargo, desde la definición de canon hasta el día de hoy también ha habido cambios en la forma de aplicarlo al arte. De esta forma, en la antigua Grecia formaron con el kanon unas proporciones clásicas que quedaron repetidas e incluso  Pitágoras las matematizó llegando al renacimiento y a su tratadística.

Así, mientras que el canon estaba totalmente asentado en los contextos históricos, Maté quiere deconstruirlo. A partir de su visión como un dispositivo de poder, siguiendo las teorías foucaulianas, vemos que el canon continua presente en nuestra sociedad. A pesar de no seguir medidas exactas, sí que seguimos cánones de manera imperativa. Siguiendo esta estela, Castro Flórez, lo lleva al ámbito de la moral. Este canon también tiene su aplicación a la moral (p. 58), incluso, llega a formar una genealogía de la moral estética y sus variaciones con el tiempo, llegando hasta la quiebra que propone Mateo Maté.

Por tanto, estamos ante una visión del canon como forma de imposición en nuestras sociedades, en donde solo quedan dos opciones o bien se encaja en él mediante la manipulación de uno mismo, o bien se tiende a la marginalización. Son estas las acciones que ha llevado a cabo Maté en las esculturas. La modificación de los rasgos clásicos transformándolos en seres marginados, subalternos. De ahí el título de nuestra reseña. No solo se trata de una leve modificación del artículo y libro de Gayatri Spivak, recomendado a cualquiera que quiera saber qué quiere decir con esa frase, sino que también mediante esa frase provocativa, se podría resumir la muestra de la Sala Alcalá 31. Pasemos a verlo.

Esculturas

Como ya veníamos introduciendo, en la exposición se encuentran dos tipos de esculturas: Las realizadas hace siglos que se combinan con los vaciados levemente modificados. De esta forma, encontramos dos figuras clásicas unidas en gesto de mantener una conversación, una de ellas se identifica con Aristóteles, que se presentan decapitadas, como la cultura hoy en día. Este se presenta como un aperitivo de lo que podremos ver más adelante.

La Venus de Milo unida con otra escultura masculina. Unidas porque su combinación es poética, así como fue su unión sin manipulación alguna. Así encontramos una escultura con genitales masculino y pechos femeninos. Asimismo, también añade un cambio de sexo a Apolineo que, al fin, se presenta como la mujer que siempre quiso ser y ahora lo ha podido llevar a cabo. También constan sujetos femeninos, como una escultura embarazada, aspecto en escasas ocasiones representado en la escultura y, por tanto, ya se sale del canon. Tal y como también lo hace Niño de la espina transformado ahora en niña, con unos salientes pechos. Este sujeto subversivo no solo se materializa en lo físico y su cambio de sexo, sino también en la representación de una época de cambios que parece ser evitada por el arte, edades de infancia y adolescencia que quedan entremezcladas y suelen ser rechazadas.

Otros asuntos también son tratados, como las figuras gordas, la alteridad con la que se ha tratado a gente negra en el arte, la vejez contrapuesta al Discóbolo deportista al cual simplemente tuvo que añadir unos gramos más de yeso para aparentar una mayor edad. De esta forma, así un simple elemento físico puede cambiar realidades, modificaciones que se podían haber llevado a cabo para cambiar el canon, pero no se hicieron.

La muerte, junto a Cristo recuerda la acepción religiosa que también posee la palabra canon. Al final de la planta basilical se encuentra un Jesús sin tapar, al lado de la muerte, necesaria recordarla en nuestra época, apuntó Maté. Además, la posición este Jesucristo en la planta basilical de la Sala Alcalá 31 forma un simbolismo perfecto al haber sido utilizado ese edificio en siglos pasados como un banco. Se forma, pues, una clara relación entre poder, religión y el espacio.

Sin embargo, para llegar a esta imagen religiosa, hay diferentes hitos que superar, como bien lo muestra el laberinto que las enmarca.

Laberinto

Si hasta ahora pensábamos que los propios cambios en la definición y apropiación de la palabra canon y su manifestación en las figuras subalternas, ya daban un alto grado de complejización a la muestra, esta se termina con la presencia de un laberinto.

Laberinto formado por diferentes cintas negras, que nos niegan el paso por un lado, a una habitación o no nos dejan ver lo deseado. Son estos los elementos que culminan la exposición. Así, la concepción del laberinto también ha ido variando, aunque, en un principio, guarda una estrecha relación con la mitología con, por ejemplo, los trabajos de Hércules y la superación de estos. Desde la visión de Maté, el laberinto en esta muestra, que os recomendamos lo veáis desde la segunda planta de la exposición, presenta un hecho al que nos enfrentamos a diario, el hecho de no poder escoger. Los dispositivos de poder pueden ser algunos de los elementos que no nos dejen ese poder de elección. De esta manera, el laberinto se presenta igual, con esa imposibilidad  de elegir el camino que debes seguir, ya  que este está marcado, otros ya lo marcaron por ti, solo te queda asumirlo para llegar a ver a Cristo cruzificado.

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Conclusiones

Los subalternos han podido hablar, cada uno con su manifestación, cada uno con sus rasgos, cada uno asumiendo sus múltiples identidades. Esto es lo argumentado y mostrado en la exposición de Mateo Maté. Mediante un conjunto de reflexiones, Maté se acerca a esos que no suelen tomar la palabra porque los cánones actuales no les permiten, porque no han encontrado el espacio. La Sala Alcalá 31 se presenta como un espacio ideal para dársela, bajo la simbología del poder y sus dispositivos nos acercamos a esculturas que remueven la mente, nos hacen revolvernos, repensar, plantearnos cuántos cánones están presentes en nuestra sociedad y desear volver a cambiar su significado por kanon.

 

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