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El Gran Tour de Helena Attlee en El país donde florece el limonero. La historia de Italia y sus cítricos

Chinotto, naranja, limón, naranjas sanguinas, naranjas ácidas, bergamota, cidra… ¿Cuántos de vosotros habéis comido estos cítricos en platos elaborados? O lo que es mejor, ¿cuántos conocéis algunos de los usos no culinarios que tienen todos los cítricos de la larga-corta lista mostrada?

Ante estas preguntas, las respuestas se pueden encontrar en la reciente publicación de Helena Attlee titulada El país donde florece el limonero. La historia de Italia y sus cítricos. Este  texto se presenta como una historia cultural donde se recoge la llegada de los cítricos a Italia, la importancia que han tenido estos a lo largo de la historia, desde los griegos, pasando por los Médici, hasta la mafia del siglo pasado. Denominamos a este libro como historia cultural ya que se centra no solo en los cítricos como sujeto de estudio, sino que muestra su evolución, su relación con las poblaciones, con las gentes, su aporte económico o su relevancia dentro del colectivo social.

El país donde florece el limonero. La historia de Italia y sus cítricos es la traducción de María Belmonte de un libro publicado en 2014 en su edición original y editado por Acantilado en 2017. A pesar de su reciente escritura, como hemos podido comprobar tras su lectura, parece que Helena ha pasado muchos años buscando información, como se deja apreciar en la selección bibliográfica que nos muestra en notas, así como las descripciones que aporta. Con esto hacemos referencia directa a la presencia de la autora en cada una de las partes italianas descritas, tanto en el norte, Liguria, como en el sur de Italia donde esperó, al menos dos años, para poder estar presente en la cosecha de cidra.

Attlee lleva años siendo una aficionada a Italia, una amante de su gastronomía y tradiciones, pero, sobre todo, y es el objeto de estudio por el que destaca, es una amplia conocedora de sus jardines, de los destruidos, de los que todavía mantienen su personalidad, de los límites cambiantes que estos han tenido y, en especial, de los cultivos que allí se encontraban. Como podemos ver en su web, Helena está especializada en el estudio de los jardines italianos, tienen varias publicaciones sobre estos y ha sido, y continúa siendo, guía de jardines por todo el territorio italiano.

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Helena Attlee. Fotografía procedente de su web

A pesar de poseer varias obras sobre Italia, esta es la primera que dedica en exclusiva a frutas, a cultivos y, más concretamente, a cítricos. El libro se presenta como una lectura amena, fácil, bien complementada con testimonios orales y fuentes bibliográficas y, sobre todo, repleta de mucha subjetividad. El texto está dividido en 16 capítulos, en mi opinión, un tanto desordenados. Con esto, me refiero a tener la sensación cuando se está leyendo un capítulo, de no saber por qué salta de párrafo para describir asuntos que bien podrían merecerse un capítulo al completo. Asimismo, la longitud de estos varía, algunos de extremada longitud como es en donde trata de la cidra al final del libro u otros que están escasamente compuestos por cinco folios. Son estas las principales razones por las que denomino como desordenado el libro. No obstante, dentro de este desorden también he logrado encontrar pistas que dejan entrever la estructura de la autora.

De esta forma, va tratando las diferentes especies de cítricos en capítulos separados, sin abundantes entrelazos entre ellos, de manera que la aproximación a cada uno de ellos se puede realizar de manera individualizada, sin necesidad de la lectura al completo del libro. No solo el orden se corresponde con los diferentes productos cítricos, sino que también guarda una estrecha relación con la localización en tierra italiana de estos cítricos. Así, mientras que en Sicilia podremos encontrar naranjas, en el sur de la península italiana donde el fruto que prima es la cidra u oro verde, como ella lo denomina, se demuestra que la localización de los productos también determina el orden de los capítulos. Por tanto, a pesar de que, por mi parte, habría planteado de forma diferente la estructura del libro, quizá empleando un orden cronológico o remarcar desde el principio que se seguirán los criterios de los productos cítricos, sí que es factible y legítimo el índice que presenta, especialmente ya que el libro está repleto de rasgos subjetivos.

Una historia cultural de los cítricos

Creo que la denominación, como ya he señalado con anterioridad, de historia cultural es ideal para el libro. Especialmente historia ya que a lo largo de sus páginas hace un pequeño recorrido por la llegada de estos cítricos de Asia, especialmente de China en algunas ocasiones o la India, principales lugares donde se comenzó el cultivo de estos frutos. Sin embargo, también hace un repaso a la presencia de griegos en la Magna Grecia, es decir, el sur de Italia donde un dialecto basado en el griego se continúa hablando hoy en día. Tras esto, podemos ver pequeños fragmentos sueltos sobre los romanos o la familia Medici y su predilección por los cítricos a lo largo de la extensa duración de esta saga familiar.

De esta forma, los primeros capítulos se presentan como uno de los platos fuertes ya que comienza con las tradiciones renacentistas llevadas a cabo por los Medici. A este título responden algunas anécdotas relacionadas con la presencia de cítricos con deformaciones como los dedos del limón que estuvieron presentes en su Gabinete de Curiosidades. No solo se quedaba en eso, sino que se buscaban ese tipo de cítricos exóticos y se guardaban, literalmente, como un tesoro, en estos gabinetes pasando de generación a generación y venerando estos productos diferentes y extraños. Como indica la autora, la causa principal de estas deformaciones venía de la mano de los cambios en las polinizaciones lo que hizo, en cierto momento, que apareciera un limón gigante. Sobre esta familia nos señala Attlee los exquisitos gustos que tuvieron por el cultivo en sus jardines de cítricos. Para demostrarlo, se acercó a uno de estos que todavía se mantienen en pie, aunque con grandes diferencias como son los cambios en sus límites y fronteras y también sus cultivos dejando de lado los cítricos, por preferir plantas aromáticas.

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Helena, sin embargo, el periodo que más trata resulta ser el contemporáneo, especialmente desde el siglo XIX y los viajeros, siguiendo el Grand Tour italiano que hizo Goethe, que visitaron estas tierras. Además de este siglo, el XX y XXI son su predilección ya que parte de sus vivencias, de conocimientos de los vecinos de la zona, de los testimonios de gente viva que lleva escuchando relatos de sus antepasados sobre las tierras, cómo cultivarlas y sus tradiciones, etc. Uno de los puntos que más me llamó la atención según iba leyendo fue el relativo a la mafia siciliana y el control que tuvieron a principios del siglo XX de los cítricos, las estrategias que tenían para que cualquier cultivador tuviera que estar a sus pies, pagarles u otras extorsiones. Sin embargo, no solo quedó ahí la cosa, según el comercio de las naranjas y mandarinas con Estados Unidos fue disminuyendo a causa de las dos guerras mundiales, la mafia encontró nuevos usos con las tierras ya que las convirtió en construcciones tras la Segunda Guerra Mundial, de manera que el negocio podía continuar, la ruleta seguía girando y su legitimación económica continuó hasta llegar a hoy en día. La versatilidad de los negocios es imprevisible.

Aparte de la introducción de la historia como uno de los factores fundamentales, también existen otras referencias relacionadas con las ciencias y biología a lo largo de los párrafos. La autora se introduce de manera superficial en estos asuntos al tratar sobre los injertos entre los diferentes cítricos y cómo han ido evolucionando desde el comienzo en las tierras de la India, así como las plagas que asolan los campos cada año. Sobre este punto en especial, une explicaciones científicas sobre el tratamiento o eliminación de los residuos de las plagas en los cítricos, a través de la cidra y la relevancia que tiene para las comunidades judías de todo el mundo. El sur de Italia se presenta como uno de los epicentros de este cultivo al ser de una calidad muy alta y debe ser tratada de manera especial para su venta a estas comunidades al no tener casi imperfecciones o ser tratada con antiplagas que no dañan su fruto.

Se puede decir que el libro de Attlee se presenta como una de las lecturas obligatorias para conocer mejor Italia y sus tradiciones alimenticias, aunque dentro de la historia cultural también cabe destacar que la historia de la alimentación y los productos lleva años realizándose. Algunos de los nombres que destacan en el ámbito internacional son Jean-Louis Flandrin y Massimo Montanari y en el español es María Ángeles Pérez Samper, aunque no podíamos dejar de nombrar la reciente publicación de Gregorio Sánchez Meco bajo el título de Sabores del pasado la cocina en tiempos de Carlos III.

Attlee y su escritura

Aunque en otras reseñas he prestado especial atención a los discursos e ideas otorgados a los libros, en esta ocasión quiero llamar la atención sobre la forma de escribir de Helena Attlee. Ya había comentado que, en mi opinión, la forma y planteamiento del libro lo encuentro destartalado, aunque dentro de un orden. También, siguiendo mis criterios, creo que la principal razón es por la mezcla de contenidos objetivos como puede ser la descripción de cítricos, su historia, etc., con elementos subjetivos, sobre todo situaciones que ha vivido la autora.

De esta forma, según vamos leyendo y acabamos el libro, nos parece una guía de viajes antes que una historia cultural ya que al final de este nos reseña los diferentes lugares que ha visitado y nombrado. De hecho, según iba leyendo, recordé un programa de televisión sobre viajes cuyo presentador era un inglés que realizaba la ruta del Transiberiano siguiendo una vieja guía de viajes del siglo XIX. Justamente Attlee me parecía, gracias a sus descripciones, situaciones personales y sucesos graciosos o misteriosos, la presentadora de ese programa de televisión, pero transmitido en un texto escrito.

Sin embargo, gracias a la introducción de esos acontecimientos, esa subjetividad nos deja parte de su esencia, la cercanía de estar leyendo a una amiga, a alguien que cuenta parte de su vida en un diario. Esto también se manifiesta y queda reflejado en la introducción de diferentes recetas clásicas -por mi parte, ya apuntadas- que nos deja, que le fueron contando los cocineros, camareros o incluso amigos, con cítricos. Este toque personal hace que el libro pase de ser una historia cultural, a algo más personal, casi una guía de viajes siendo los cítricos los protagonistas.

Conclusiones

Estamos ante un libro que merece la pena ser leído, no he querido mostraros muchas de las anécdotas que cuenta la autora, sobre historia, sus vivencias, ya que perdería la gracia de saber eso por primera vez. Tras su lectura deseas tomar más cítricos, saber identificar un limonero la próxima vez que veas uno, conocer de dónde vienen y saber la diferencia entre las naranjas valencianas y las italianas.

Además, es una perfecta forma de conocer vocabulario en italiano, aprenderás cómo denominar esas especies raras que se encuentran o qué nombre reciben los invernaderos exclusivos para limoneros en invierno.

Como venía apuntando con anterioridad, estamos ante una reactualización del grand tour goethiano, pero en esta ocasión con una sociedad de masas y la facilidad de transportes. Así también nos lo deja saber y anuncia en el título del libro El país donde florece el limonero descripción que dio Goethe sobre Italia.

Es, en definitiva, un libro novedoso que es asequible tanto para el gran público, como para los que conocen previamente sobre la materia.

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