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Reseña de El Inicio de Primavera de Penelope Fitzgerald

En 1913, ir de Moscú a Charing Cross con escala en Varsòvia costaba catorce libras, seis chelines y tres peniques, y suponía dos días y medio de viaje. En el mes de marzo de 1913, la esposa de Frank Reid, Nellie, inició ese periplo desde el número 22 de la calle Lipka, en la zona de Jamovniki, y se llevó a sus tres hijos con ella, es decir, a Dolly, a Ben y a Annushka. (…)

Es marzo de 1913 y comienza a atisbarse la llegada de la primavera. Frank Reid, impresor inglés y director de una imprenta afincado en la capital rusa, se golpeará de lleno con esos cambios que señalan el fin del invierno y el comienzo de la primavera. A la vuelta del trabajo, su esposa Nellie se ha marchado llevándose a sus hijos. Posteriormente, los niños regresaran a él, pero de ella, su mujer, no se sabrá. La vida lógica de Frank cambiará de la noche a la mañana, ya que le acecharán interrogantes, nuevas personas en su vida, y recuerdos del pasado y el atisbo de un futuro incierto.

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Esta es la síntesis del libro Inicio de la Primavera de Penelope Fitzgerald escrita originalmente en 1988 y traducida al español en 2011 por Pilar Adón en la editorial Impedimenta. Es una novela ambientada en la Rusia de 1913, momento en el que la revolución y las tensiones eran palpables. Un escenario muy sugerente y una propuesta narrativa que podría ser aparentemente típica ya que una mujer deja a su marido y sus hijos; sin embargo, la magia de este libro está en lo que se deduce y en las aguas subterráneas que mueven a los personajes y la verisimilitud del ambiente que consigue crear la escritora. Decía Chesterton que hay dos métodos en la historia, la del detalle y la de la atmósfera. Esta última es la más rica y la más olvidada en su época, según su opinión, y es, precisamente, uno de los elementos fuertes de este libro.

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Penelope Fitzgerald

Penelope Fitzgerald consiguió una reputación indiscutible como escritora por los éxitos cosechados con La Librería (1978) y La Flora Azul (1995). Si bien es cierto, Fitzgerald comenzó a escribir novelas de forma tardía, aunque no así su relación con la literatura y la cultura, ya que profesó un interés sustantivo en ambas, incluso llegando a dirigir una revista cultural en los años sesenta. Sin embargo, la suerte y las oportunidades no llegaron, ya que la suma de fracasos, la de su revista y la carrera de su marido Desmond como abogado, le hicieron su camino complicado a este matrimonio con hijos. Tras unos años viviendo en una casa flotante en el Támesis, llegó un momento en que sus vidas, y su propia casa, se hundió en las profundidades de las aguas. Pero de la desgracia emergió. Nuestra autora empezó a dar clases y aprender ruso, español y alemán para leer directamente literatura, y estableció un plan de trabajo y escritura diaria. Aun así, como resumió un gran literato, el sentimiento trágico de la vida siguió patente, sobre todo al fallecimiento de su madre y de Desmond, que murió de cáncer en 1976. Viajó a China tras estos sucesos y de allí regresó con las ideas y el planteamiento de La librería.

Sus novelas se caracterizan por una abundante documentación, que pasa por conocimientos de la literatura, pero también de la historia y la lectura de fuentes primarias para dotar de verosimilitud a la atmósfera que consigue hacernos llegar a partir de su escritura. Esta atmósfera parece entretejida con delicadeza, pero a partir de puntadas invisibles.

El momento histórico en el que El Inicio de la Primera está ambientada en un periodo muy interesante en Rusia y del que la autora consigue presentar una verosímil atmósfera de lo que debió ser. Es importante entender que las primeras décadas del siglo XX son aún una época turbulenta fruto de las tensiones entre el régimen político y costumbres sociales decimonónicas, e incluso arraigadas en centurias anteriores, y los diversos elementos modernos que intentan desplazar a lo anterior.

Estas tensiones aparecen en la novela a partir de noticias, de conversaciones y pensamientos. En el momento en que se ambiente la novela se palpa la tensión y el clima revolucionario es ya patente. Frank Reid, seguidor del liberal y primer ministro llamado Stolypin, observa cómo, a partir del asesinato del político en 1911, era ya imposible una mejora del país y una modernidad controlada y liberal. La censura, la policía política y los abusos eran una norma mientras que en las fabricas y en la sociedad el movimiento obrero crecía y a esa lucha antiguo régimen y modernidad se sumaba la lucha entre el capital y los trabajadores. Los extranjeros, como la comunidad inglesa a la que Frank Reid pertenece de un modo u otro,-ya que también se siente en parte ruso-,no hacen más que prepararse para una posible huida del país.

Continuando con ese conflicto entre dos tendencias que ejemplifican lo que se entiende por el conflicto entre dos épocas, en esa misma imprenta en la que Frank Reid es director, podemos descender un poco más y afilar un poco más lo que queremos decir. Esta tensión es la del trabajo manual y la maquinaria, uno de los conflictos que atraviesa el siglo XIX y que en esos primeros años daban las últimas estocadas. El trabajo manual propio de épocas antiguas, algo relacionado incluso con lo medieval, lo artesano, era lo contrapuesto a la maquinaria y a la fábrica, algo propio de la modernidad, que desvela una forma nueva de economía y de relación del hombre con el trabajo. El trabajo manual se ve encarnado en Tviordov, uno de los trabajadores de Frank Reid, un cajista meticuloso que rechazaba las nuevas formas de impresión, honrado en el trabajo y que era el corazón de la imprenta además de sindicado. Sin embargo, y tras un disparo, no digamos de quién y porqué, el cajista termina abandonando el trabajo manual por la máquina, siendo una metáfora del fin de este conflicto a partir de las armas.

“Tviordov no perdía el tiempo en ordenar los tipos de los cajetines con las treinta y cinco letras y los quince signos de puntuación, ya que siempre lo dejaba preparado la noche anterior, por lo que comenzaba de inmediato con su manuscrito. Memorizaba las primeras frases, llenaba su componedor, ajustaba los espacios y le echaba un vistazo al reloj para ver cuánto tiempo había tardado en hacer todo eso y para fijar sus tiempos del día. No se trataba de un propósito inamovible. Dependía de las condiciones meteorológicas, del manuscrito, de la cantidad de palabras extranjeras que contuviera, aunque jamás del propio Tviordov.(…)”

La autora del libro era, si se la puede categorizar de algún modo, socialista utópica, y uno de sus influencias fue William Morris, fundador del movimiento Arts and Crafts, además de arquitecto, pensador, poeta, pintor, creador tipográfico… El movimiento Arts and Crafts, que podría traducirse como arte y oficios, era un intento de regresar a la manufactura artesanal y hacerla llegar a las capas sociales con menos recursos. Lo que hay detrás, además, de la evidente preocupación social y por descontando el socialismo particularmente entendido por Morris, pero sobre todo su preocupación por la preservación de las artes y los oficios medievales y el rechazo a la producción masificada y en masa. Parece que Penélope quisiera con Tivordov presentar este tipo de manufactura y la honradez que se desprendía de ella, además de ejemplificar su posible desaparición.

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William Morris

Otro de los elementos por los que Penelope consigue transmitirnos esa época, es gracias al retrato de su ambiente cultural. En el momento de la novela, hacía tan solo tres años que murió Tolstoi, y su presencia está aún viva: los rusos hablan de él, las comunidades tolstoianas están presentes e incluso se observa cómo se internacionalizan apareciendo incluso en Gran Bretaña. Esta presencia y el fenómeno tolstoiano está particularmente presente por la parte de Selweyn, el tesorero de la imprenta de Frank además de amigo, fiel seguidor de la vida de Tolstoi que trata de implementar en su vida el pulso vital que animo al escritor y pensador ruso. Además, Selwyn era poeta y publica durante la novela Los pensamientos del abedul, con la que además Penelope nos muestra los procesos de edición en la Rusia de la época. De este personaje, y en parte ese misticismo tolstoiano y el propio de los rusos, se desprende una de las ideas eje del libro, la importancia de lo que está más allá de la razón, lo que se encuentra fuera del juicio y aquello que nos trasciende. Selwyn Crane apunta:

Y, sin embargo, en ese más allá reside todo un universo completo “dónde está la corriente” clamamos con lágrimas en los ojos. Pero ¡elevemos la mirada, y hete aquí! Ahí está la corriente azul que fluye suavemente sobre nuestras cabezas.

Este además es otro de sus temas predilectos en La Flor Azul, la temática de una búsqueda, de algo inalcanzable que nos trasciende. Para Frank Reid en ese momento es una explicación, pero también algo que le haga continuar con su vida.

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Bosque de Abedul 

Pero sin duda, uno de las tramas principales y que es el engranaje que moviliza la trama principal es la ausencia de Nellie, la mujer de Frank Reid. Nellie lo envuelve todo, su presencia impregna la narración en un constante fluir de los recuerdos de Frank y su intento de explicarse los motivos de su huida. Nellie, aunque su presencia es un parpadeo y unos recuerdos, encarna a través de estos, a una mujer que busca la libertad y salir de los meandros marcados por las imposiciones sociales, en especial en ese anglicanismo puritano. Hay algunos símbolos como es su negativa a una boda tradicional o a llevar corsé, o en la manera de entregarse a Frank en un inicio de su relación. La huida sin explicación, llevándose a los niños y luego dejándolos en la estación porque retrasaba su huida, puede ser juzgado, sin embargo, no se hace, sino se intenta explicar, se intenta razonar. No obstante, precisamente esos motivos están fuera de la razón y quizá es un intento de la propia Nellie de surcar las aguas azules donde el sentido de su existencia se debería encontrar.

Esto nos lleva a otro de los personajes femeninos que encarnan otro tipo libertad. Lisa, aquella mujer joven que se encarga de los niños cuando es evidente que Nellie no volverá y que Frank no puede cuidarles solos, aunque su casa tenga servicio doméstico debido a su posición social. Lisa se presenta como una mujer silenciosa pero tremendamente sincera, de apariencia incluso débil. Destaca otro acto de libertad, se corta el pelo y que este acto se toma deliberado e inocente por Frank, en realidad él lo quiere ver así, pero a la vez se suspende el juicio y se deja entrever una sospecha de participación política y acto de emancipación femenina. Es con Lisa, precisamente, junto con la que el lector deja de seguir la narración centrada en Frank, para conducirnos a una zona más rural de Rusia, en la Dacha familiar de los Reid, y tiene lugar una de las partes más bellas y misteriosas del libro, que queda como una ensoñación revolucionaria cargada de significado. Aquí Fitzgerald sorprende con unas descripciones y una manera de reflejar la naturaleza y misterio que destacan por encima de la narración general del libro. La autora puede describir y hacernos ver y vivir una época concreta de una tierra lejana, pero también hacernos sentir el espesor y el aire recargado de multitud de abedules en una noche de finales de invierno con sombras que se nos acercan.

Finalmente, las señales de la primavera son cada vez más evidentes y termina llegando a partir de la acción inequívoca de su llegada en la tradición rusa: el destapar ventanas y abrirlas para que el aire corra en los hogares. Las aguas subterráneas que se movían bajo capas y capas del hielo de la incomprensión y la incerteza emergen a la superficie al calor de esta primavera. Finalmente se sabe que ocurrió a Nellie y qué secretos guardan aquellos que más cerca se encontraban de Frank. El libro se cierra con dos llegadas y otra desaparición. ¿Cuáles? Solo queda leerlo.

Conclusión

En este libro Penelope consigue reconstruir la atmósfera rusa en tiempos de tensión y de una panorama vibrante y repleto de incertezas y luchas, y de elementos de épocas pasadas que parecen desaparecer, otros sin embargo que permanecerán. Además, la autora aporta el tono y parte de la comedia de la novela inglesa como ciertas descripciones y ese fondo irónico y casi cómico. Recordemos que Jane Austen era su santa patrona.

Se configuran multitud de temas diferentes que se ven y tienen lugar a partir de la narración, lo que la convierte en una novela completa y bastante equilibrada entre la historia central y los diversos subtemas y el contexto en el que está ambientada.

Me ha gustado, especialmente lo relacionado con la imprenta y la elaboración de publicaciones, así como los elementos en relación a la época como la política y la cuestión cultural y en especial lo relacionado con  Tolstoi. Es muy destacable la habilidad de la autora de introducir tantos elementos a las subtramas y crear la realidad de estar Rusia prerevolucionaria con toques ingleses en cuanto a la forma. Por otro lado, y para no solo quedarnos con lo bueno, si que debería decir que  Frank Reid en ocasiones me ha parecido un personaje un poco plano y la resolución final de la trama, aunque no me la esperaba, si que en el fondo hubiera deseado algo más. Sin embargo creo que ahí precisamente se sitúa la ironía de la autora. Y quitando esto, la novela es bastante interesante.

El inicio de primavera es presentada la primavera no como un leve y placentero discurrir hacia una etapa más cálida, sino precisamente como una transición, o lo que es lo mismo, un ruptura. Del invierno a la primavera, pero también del antiguo régimen y la revolución, de la atmósfera del siglo XIX y su sociedad y del siglo XX y el futuro que vendrá, pero también, de la ausencia y la presencia del ser amado, y de un modo de vida en definitiva que se rompe y al que hay que encontrar explicaciones. Tras el fin del invierno, y su transición, llega la primavera, pero ¿qué deparará?

¿Habéis leído otros libros de Penelope Fitzgerald? ¿Os habéis topado con este libro? Cuéntanos tu opinión más abajo.

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Penelope Fitzgerald

Titulo original: The beginning of Spring (1988)

Titulo en castellano: El inicio de primavera.

Autora: Penelope Fitzgerald.

Editorial: Impedimenta.

Año publicación: 2011.

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