Exposiciones/Exposiciones ya finalizadas

Apuntes para una psiquiatría destructiva (crónica)

 

¿Qué? Apuntes para una psiquiatría destructiva
¿Dónde? Sala de Arte Joven de Madrid
¿Hasta cuando? Hasta el 21 de Mayo
¿Cuánto cuesta? Gratis

 

En la Sala Espacio Arte Joven de la Comunidad de Madrid se puede ver Apuntes para una psiquiatría destructiva, exposición comisariada por Alfredo Aracil tras haber sido uno de los proyectos ganadores en la VIII edición de Se Busca Comisario. Este recorrido circular ahonda en la psiquiatría, no desde su dimensión clínica o histórica, aunque imposible no eludir estas dimensiones ya que son el anclaje de las obras y el debate, sino en la psiquiatría en su dimensión cultural y estética donde, en palabras del comisario “[la] producción artística desborde la denuncia para invitarnos a experimentar lo psicopatológico de otra manera”. Esto se consigue a partir de la confluencia de múltiples miradas de artistas contemporáneos con unas muestras que parten desde finales del franquismo, hasta nuestros días.

Así, el arte contemporáneo se vuelve a configurar como un portal que nos conduce al punto nodal que resulta ser una problemática nuestra y actual, nos conduce a nuestro presente e invita a interpretarlo e interpelarlo. El telón de fondo que sostiene, y es el contexto de las obras engarzadas con habilidad por parte del comisario, es la salud mental en España desde la fallida reforma al final del franquismo hasta la más tremenda actualidad del hoy. A su vez, se señala un proceso más amplio, y que afecta a los países occidentales cercados por el capitalismo, es decir, la insatisfacción vital, la excesiva patologización y abundante farmacopea que trata aquello que los manuales de diagnóstico dictan que es la enfermedad mental y lo que no.

Los temas tratados desde el punto de vista y cultural por parte de aristas contemporáneos españoles como Misha Bias Golas, Noemí Iglesias, Marian Garrido, La Rara Troupe (colectivo), Sofía Bauchwitz, Jorge Anguita, entre otros, emplean diversas representaciones desde objetos, fotografías, instalaciones, videoarte o experimentación sonora.

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La Psiquiatría del régimen franquista y la transición

Vallejo Nájera, prologuista por cierto del famoso libro Los renglones torcidos de dios de Torcuato Luca de Tena, ayudó a configurar una psiquiatría muy diferente a la moderna que trató de construir y extender la época republicana. Una psiquiatría que desmota aquellos avances para transitar hacia prácticas y concepciones de comienzos del siglo XIX. No solo esto, sino que además fue una psiquiatría fuertemente politizada, ya que buscaba psicopatologizar a aquellos cuyos postulados ideológicos fueran diferentes. Los manicomios aparecieron en su dimensión carcelera, y el tratamiento de las enfermedades y de los propios pacientes (cuando no decir cautivos) pasa a ser un elemento represor. De esta época podemos acercarnos a ella en la exposición gracias los dibujos realizados por González Rajel, cuyo historial con la psiquiatría fue intensa desde el 1936 hasta que definitivamente, fue ingresado en 1956 en el hospital de Cienpozuelos (Madrid) lugar en el que estaría hasta su muerte. De esas experiencias nacería su serie de dibujos esqueléticos, producto de observar la realidad a partir de unos ojos con rayos X. Otros registros fotográficos bien pueden constituirse a partir del trabajo de Pep Cunties, Eduardo Subía y Jesús Atienza que realizaron El Mental, aunque no hay que dejar de destacar las imágenes de Carlos Osorio en el psiquiátrico de Oviedo. Este psiquiátrico de Oviedo, denominado como La Cadellada, fue uno de los pioneros en iniciar la reforma psiquiátrica que pretendía traer nuevos aires, incluso entrando en los postulados de la antipsiquiatría en los últimos años del régimen. El propio Alfredo Aracil bien escribió el año pasado el recorrido de este hospital y la antipsiquiatría.

La anstipsiquiatría, concepto de David Cooper, es una forma de denominar los diferentes enfoques y doctrinas políticas y sociales de la salud mental cuyo punto en común es poner en tela de juicio la psiquiatría hegemónica, tanto su práctica y su teoría, hasta su tratamiento de terapia o su comprensión general. Tuvo, e incluso tiene, una matiz contracultural. En el franquismo fue una corriente renovadora dentro de la psiquiatría, pues enjuiciaba y proponía una nueva manera de entender la enfermedad mental y el tratamiento de los pacientes; pretendían derribar, en definitiva, esas prácticas represoras ancladas en el pasado y su dimensión política. Por descontando, la antipsiquiatría se convirtió, también, en un cruento campo de lucha antifranquista en las últimas décadas del régimen. Las revistas Ajoblanco y El Viejo Topo, cuyo mosaico de portadas y reportajes nos conduce hacia la parte superior de la exposición, fueron los encargados de divulgar, mostrar y poner en el debate social la cuestión de la antipsiquiatría y la situación de los internos de los manicomios.

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Mosaico con las publicaciones de Ajoblanco y El Viejo Topo

En 1985 se llevó a cabo una reforma de la salud mental que se cristalizó en la Ley General de Sanidad de 1986, sin embargo, esta se configuró como un gran paso, aunque del todo insuficiente para encauzar las demandas desde el lado de la antipsiquiatría, así como un solvente sistema de salud mental. Actualmente, el debate comienza a centrarse desde los márgenes hacia el centro, ya que, por parte de los propios pacientes, como médicos o sectores de la sociedad, miran la psiquiatría desde una visión crítica no solo teóricamente, sino que también se denuncia la situación institucional y médica de la atención mental en España.

 

La actualidad del hoy. Artistas en clave psiquiátrica

El resto de obras de la exposición pivotan, de un modo u otro, en esta realidad presente. Gracias al enfoque estético de los artistas se ahonda en la variada cosmología de lo que se suele denominar como enfermedad mental. Las obras sitúan en el centro del interés artístico aquello que está fuera de lo que se concibe como normal es decir, al loco, a lo que se considera como enfermo. De esta manera se propone una crítica al sistema imperante de entender la psiquiatría y los estigmas sociales aparejados. Se pretende borrar esas líneas, hacerlas más porosas preguntándonos ¿qué es lo loco y qué es lo sano? Una pregunta que invita a destruir los márgenes y las líneas divisorias.

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En busca de ahondar en la cuestión de enfermedad y el entorno de hospitalización, tenemos la obra de Noemí Iglesias Sotiria (2017), una instalación en la que se presentan elementos de su experiencia en un psiquiátrico ateniense en Sotiria, antiguo hospital de tuberculosos. Los enfermos psiquiátricos comparten espacios con presos políticos, con lo que nos devuelve la mirada a la institución psiquiátrica como lugar también de reclusión y la reflexión en torno a lo que implica el biopoder en la actualidad. Esta instalación tiene mucho de performativa, ya que recuerda la experiencia de la artista al experimentar los tratamientos de estos pacientes, pacientes que también presos políticos. Esto, a su vez, nos introduce otra cuestión, como es el tratamiento de los enfermos, en el que las medicaciones son en algunos casos demoledoras y que prácticamente parece desconectar a las personas que los toman. Entre otros efectos secundarios, es bien sabido que hay una relación con el tabaquismo debido a la ansiedad, entre otras cosas. Así, Misha Bias Golas propone Cuadro de costumbres (2017) tratando un tema como es el tabaquismo en el enfermo mental y su necesaria existencia a partir de unas obras que todo remite al cigarrillo, pero también a lo compulsivo, la repetición constante de patrones. De este modo, parece tratar una fenomenología cotidiana del enfermo. Esta obra, del mismo modo, pertenece a un proyecto aún en formación que explora la cuestión del tabaquismo, seguro que en algún tiempo mucho nos dará que hablar.

La visión que se suele tener sobre aquellos que tienen una enfermedad mental se desmonta y se reconstruye por parte de La Rara Troupe. Estos “raros” son un colectivo reunido en torno al MUSAC (León) donde, a partir de la creación audiovisual y diferentes proyectos de radios en su día a día, presentan diversas cuestiones sobre la salud mental y reconstruyen su propia imagen. La muestra presenta Fin de línea (2014), más Correspondencia (2017), vídeos que muestran sus creaciones y su visión del mundo. Esto permite una narración y autorepresentación de aquellos que tienen una enfermedad mental. Asimismo, estas iniciativas, además de artísticas, mucho tiene que ver con la antipsiquiatría, ya que la dimensión social y comunitaria se junta el elemento crítico de reflexionar qué, quién y qué hace un enfermo mental. Aquí queda claro, el protagonista de su representación y los lazos comunitarios entre personas para la creación de arte.

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La identidad es una de las piezas clave en la salud mental pues en muchos casos diferentes diagnósticos tienen que ver con ella. Así, Mariana Garrido con Delusional misinterpretation (2014), presenta de una instalación que juega con la proyección audiovisual, deforma su imagen y buscan ahondar en las identidades flexibles a partir de casos clínicos en relación a los llamados trastornos de identidad. A este trastorno de la identidad le sigue otros como los lingüísticos, como la afasia, presentada por Antonio Ferrerira en su Test de Boston (2015). Otro de los problemas o enfermedades si se la podrían denominar así, y que más afectan actualmente a la sociedad, es la depresión y más concretamente a la mujer, Sofía Bauchwitz con Her House on the water (serie Sujeto Triste), 2017, vídeo e instalación, que explora precisamente esta depresión a partir de elementos que recuerdan lo líquido, el agua, la tristeza y también a la mujer.

Este pequeño recorrido aquí esbozado es completado aún más con las obras de Dora García en El Helicóptero (2016), que presenta un interesante corto que no desvelaremos nada pues creemos que la interpretación se saborea mejor en el mismo momento de su visualización en la sala. Del mismo modo que la obra de Jorge Anguita, explora con la cámara los diferentes representaciones de la diferencia, a menudo vinculadas con trastornos de la identidad dentro de la psiquiatría hegemónica pero que nada tienen que ver con lo que implica la palabra trastorno o de psiquiátrico.

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Conclusión

Apuntes para una psiquiatría destructiva supone un interesante cuaderno que se revestirse de ideas y temas con el que someter a crítica ciertos postulados de la práctica y la dimensión social de la psiquiatría institucional. Lo psiquiátrico sale del ambiente médico y de su connotación extraña para acercarse a la sociedad a partir del camino artístico y estético. Aracil, el comisario, no pretende enjuiciar clínicamente los postulados médicos, sino ayudar a contribuir con generar un necesario debate en torno a la enfermedad mental. No es tampoco una visión histórica de la evolución de la antipsiquiatría, aunque sí que bebe de su legado y en las tendencias actuales de esta alternativa a entender la psiquiatría fuera de la hegemonía que son los tratamientos psicosociales en vez de los fármacos. Iniciativas, por cierto, ya puestas en marcha como las del Centro de Intervención Comunitaria en Valladolid o los pisos tutelados que dependen del Instituto José Germain donde pacientes que estarían ingresados en hospitales de larga duración viven de forma independiente con la atención especialidad que necesitan. Sin embargo, si se conocen es por ser una novedad dentro de una panorama no tan positivo como cabría esperarse. Es ahí cuando el debate se sitúa indispensable, cuando la realidad de los enfermos y sus familias aún necesita repensarse, además de un estigma social que aún debe continuar derruyéndose.

El arte contemporáneo se configura, de este modo, como el vehículo en que los artistas, a partir de una investigación, se adentran en ciertos temas y con un aporte artístico lo revierten a la sociedad. Supone la representación cultural de lo social, pero también un espejo en donde distintos ámbitos de la sociedad se ven reflejados. Y, por supuesto, una manera de fomentar la crítica e instaurar el debate.

Materiales para una crítica

-Michel Foucault, Historia de la locura, y sus diferentes volúmenes. Un clásico entre los clásicos posmodernos.

-Olga Villasante, Orden y norma en el manicomio de Leganés (1851-1900): el discurrir diario del paciente decimonónico, Frenia Revista de historia de la psiquiatría, 2008. Es interesante, pero adviértase que al tratarse de fuentes institucionales únicamente se reconstruye las prácticas teóricas, y no las prácticas cotidianas que se escapaban de esas normativas. Aún así, mucho ha de decir en torno a la cotidianidad del centro y sobre todo las normativas que contemplaban como válidas desde el poder.

-VVAA, Saberes y prácticas psiquiátricas en el primer franquismo, Dynamis, Vol. 37, Núm. 1: Revista de historia de la medicina en Granada, dedica su ejemplar a la psiquiatría en el primer franquismo.

-Ricardo Campos Marín y Ángel de Pablo, Psiquiatría e higiene mental en el primer franquismo: rupturas y continuidades, Los Libros de la Catarata, 2016.

-Robert Whitaker, Anatomía de una epidemia, Capitán Swing. Aquí se marca la evolución de la industria farmagológica y el aumento de las enfermedades mentales.

-Darian Leader, Qué es la locura, Sexto Piso, otras maneras de entender y reflexionar sobre la locura.

-Documental de Las mil caras de la locura de Quino Petit e Imes Rajotte, 2015: http://elpais.com/elpais/2015/12/17/eps/1450378540_122784.html

-Colectivo Fuera de Jaula, formado por diagnosticados con enfermedad mental: http://www.ivoox.com/podcast-fuera-jaula_sq_f186901_1.html

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*todas las fotografías han sido realizadas  por Practicando Cultura.

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Un pensamiento en “Apuntes para una psiquiatría destructiva (crónica)

  1. Es muy necesaria y emocionante que el arte se acerque al enfermo psiquiátrico fuera de lo nosológico, clínico o incluso político, y que con estos retratos podamos escuchar su voz desde nuestro lado mas humano.
    No faltaré!

    Le gusta a 1 persona

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