Exposiciones/Exposiciones ya finalizadas

Próxima Parada: Artistas peruanos en la Colección Hochschild

¿Qué? Próxima Parada: Artistas peruanos en la colección Hochschild
¿Cuándo? Hasta el 16 de abril
¿Dónde? Sala Alcalá 31
¿Cuánto cuesta? Gratis

Entrar en la sala y que del cielo caigan, como una suerte de lluvia tricolor, papeles con tinta escritos. En ellos diferentes frases inconexas, pero interconectadas. En el suelo surge una especie de una alfombra mullida que crea ondulaciones como pequeños montes de franjas rojas y amarillas. Esta se trata de una instalación del artista peruano José Carlos Martinat, titulada como Ambiente de realidad Nº 4, en donde impresoras, diez para ser más exactos, conectados a un ordenador, busca información en la web sobre las diferentes problemáticas comunes que han enfrentado y compartido Perú y España.

Hace algunos días estuvimos visitando y, como ahora después os contaremos, experimentando, la exposición Próxima Parada: Artistas peruanos en la colección Hochschild en Sala Alcalá 31 comisariada por Octavio Zaya. Es una apuesta que añade una variedad a lo que nos suele traer esta sala de exposiciones, aunque en su línea de arte contemporáneo, tanto consolidados, como en proceso de. Esta vez el lugar de donde proceden las obras no es España, sino Perú. Y no es un artista sino varios, ya que se basa en la colección Hochschild de artistas peruanos contemporáneos de los últimos treinta años. La visita fue dinamizada y mediada por el colectivo Pedagogías Invisibles que, junto con la presencia de varios artistas de las propias obras como Mariana Román o Alfredo Márquez, hicieron la visita enriquecedora y fructífera.

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Mariella Agois, Caja nº 25, 2008.

La Colección Hochschild nace tras una conversación entre Alexia Hochschild y su padre Eduardo. Ambos deciden, allá en el 2009, comenzar con el coleccionismo de obras contemporáneas peruanas con el objetivo de atender a ese arte que hace pensar, que puede ser rudo, aunque atrevido, en palabras de Alexia Hochschild, pero que recoge los aspectos menos convencionales de la sociedad. Esto es importante porque, a través de esta colección, se intenta potenciar el mismo arte contemporáneo ya que se establece un horizonte de posibilidades a los artistas que están produciendo en la actualidad, así como consolidar el arte contemporáneo general. Los Hochschild se rodearon de los propios artistas en busca de asesoramiento, lo que les permitió acercarse al arte contemporáneo desde la fuente que lo emana. Por otro lado, el hecho de la colección en sí es relevante ya que muestra un cambio en la propia percepción del arte peruano en las mismas décadas. Entre la década de los 80 y los 90 del pasado siglo, el Perú vivió épocas de terror, graves problemas políticos y una alta corrupción. El arte se vio afectado por el exilio de numerosos intelectuales, artistas y fotógrafos. A partir del final de los noventa, el arte comenzó a emerger y nuevas formas se introdujeron como la performance por lo que el arte contemporáneo en sus ramificaciones se extendió. Su relevancia queda manifiesta en 1997 cuando se celebró la Bienal Iberoamericana en Perú, así como al año siguiente el Festival Internacional de Vídeo Arte/Electrónica (VAE) que llevaba 12 años sin actividad. Este panorama de cambio se va consolidando en los 2000 y la colección Hochschild se sitúa en ese cambio de panorama y en la apuesta por el arte contemporáneo del Perú y el apoyo a los creadores. En sus pocos años de vida, esta colección ya ha conseguido, tanto obras de los artistas consagrados, como de artistas que cada vez más dan de qué hablar. Parte de su colección ha viajado al MoMA o a la bienal de Venecia, entre otros.

En la muestra que se presenta en la Sala Alcalá 31, la elección de los cuadros corre a cargo de Octavio Zaya y se reúnen más 43 artistas que, empleando diversas formas de representación, como pintura, dibujo, fotografía, vídeo y, con distintos enfoques como  como el arte político, giro antropológico o indigenista, nos muestran un amplio panorama de los artistas que fueron pilares hace unas décadas como José Sabogal, Tilsa Tsuchiya, Regina Aprijaskis o Fernando de Szyszlo.  Algunas de sus obras se encuentran en la propia exposición. Pero sobre todo, la de los artistas que actualmente continúan produciendo y labrando su camino artístico en las que son mayoría en la sala.

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Elena Damiani, Rude Rocks Nº4, 2015.

Por otra parte, Zaya no ha querido condicionar la comprensión de las obras y por eso ha rehusado de cartelas informativas más allá del título de la obra y su autor. Así se escapa de lecturas unidimensionales. Esto se ve solventado gracias al catálogo de la exposición en donde aparecen explicaciones u orientaciones respecto a las obras. En nuestra opinión, la falta de información en la exposición es un intento loable respecto a la multiplicidad de visiones y una forma de no condicionar la interpretación; sin embargo, sin guías, en ocasiones, ciertos mensajes o maneras de interpretar las obras se pueden escapar al público, perdiendo así la potencia crítica y reflexiva con la que fueron concebidas.

Una reflexión general tras ver la exposición, atender al catálogo y poder rodearnos de las reflexiones de los propios artistas, es que domina un arte muy comprometido con la actualidad y la sociedad del Perú en particular, aunque no exclusivamente. De esta forma, Miguel Aguirre reflexiona sobre los trabajos tipos y casi precarios en la ciudad de Lima a partir del óleo. Sihamale Randall Weeks y su particular gimnasio hace pensar sobre la trayectoria urbanística de las ciudades latinoamericanas o Antonio Paucar y su Protégeme es una reflexión personal sobre su condición de andino y lo que implica, junto con el conflicto armado de los ochenta y noventa, así como la quechuización del castellano como resistencia. Este último lo hace a partir de un vídeo en el que se sumerge en la propia tierra de un cultivo.

Igualmente, otras obras son profundas reflexiones por parte de los artistas respecto a la realidad y diversas cuestiones que exceden a un territorio y marcan pautas más generales y abstractas que pueden ser experimentos de los propios artistas o reflexiones en torno a la realidad en sus diferentes manifestaciones. Esto lo demuestran las obras de Gabriel Acevedo y su experimento de un vídeo al día durante un mes. También Mariella Agois y sus cajas descompuestas o Eduardo Moll que, con lo geométrico, consigue acercarse aún más a la esencia de la pintura, el grabado o incluso la escultura en una serie de redefinición de la belleza. Si bien es cierto, estos son solo algunos ejemplos de lo que podemos encontrar en esta rica y variada muestra.

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Mariana Román, Anamnesis, 2015.

Nos adentramos ahora en dos obras que nos interesaron y, además, pudimos entenderlas de múltiples maneras gracias a la mediación de Pedagogías Invisibles, así como el aporte de los propios artistas. Mariana Román estudió el proceso de sociopatía y se hizo pasar por una “enferma”. Para esto preparó un historial minucioso basado en cartas y otros documentos que presentó a un psiquiatra. Así, consiguió ingresar en un psiquiátrico y allí, mientras el cuerpo médico y especialistas creían tratarla, ella analizaba el proceso y sobre todo al psiquiatra. Tras un año de ingreso y de recopilación de bocetos realizó un vídeo de animación. De esta forma, pone en tela de juicio el poder, en este caso biomédico al más puro estilo de Foucault, y su manera de establecer quién está enfermo, y quién no.

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Alfredo Márquez, Muruk`ocha (Laguna Manchada), 2011.

Alfredo Márquez toma las fotografías de Sebastián Rodríguez (1896-1968) que suponen un valioso testimonio sobre la modernización de las comunidades de la sierra central peruana a partir de la explotación de empresas transnacionales mineras que se basaron en abusos en el trabajo y la explotación y contribuyó al desarraigo social. Estas fotografías fueron tomadas por Rodríguez para el registro y control de los trabajadores al formar parte de las fichas de trabajo de Compañía Cerro de Pasco Cooper Corporation (distrito de Morocha, Junín). Estos rostros y expresiones, Márquez las relaciona con la de los campesinos del sur andino y su impacto por la guerra interna de los ochenta. Así se apropia de las fotografías de principios de siglo, las modifica y habla de las víctimas “de la violencia del tiempo”.

Conclusiones

Adentrarse en Próxima Parada: Artistas peruanos en la colección Hochschild supone rodearse de obras, artistas y discursos de múltiples maneras de entender y participar en el arte contemporáneo o, más concretamente y del que no estamos habituados generalmente, como es el arte peruano. No solo son los tesoros incas o aquellos parajes y piezas arqueológicas que suelen clamar las estrategias publicitarias de viaje, sino mucho más. Más al contrario, gracias a esta muestra, nos acercamos a ese arte contemporáneo vivo, reflexivo y crítico que nos hace pensar y que nuestra mente se expanda.  Si bien es cierto la ausencia de cartelas permite la construcción de múltiples narraciones, lo cierto es que las obras tienen unos artistas, unas circunstancias y unos discursos que son necesarios para entender el impacto y lo que hay detrás de las obras. Por otro lado, recomendamos la experiencia de contar con la mediación de Pedagogías Invisibles, ya que por su dinamismo y la presentación de otras maneras de pensar y nuevas preguntas se enriquece la visita y pasa a ser algo más activo en la que sales con más cuestiones y reflexiones con las que entraste.

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Jerry B. Martin, Roft(Resurrection of the flesh), 2011.

Fotografías y derechos de estas de Practicando Cultura.

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