Exposiciones/Exposiciones ya finalizadas

La poesía de Campano

¿Qué? Campano en color
¿Cuándo? 10.02.2017- 16.04.2017
¿Dónde? Sala Canal de Isabel II
¿Cuánto cuesta? Gratis

Arquitectura racionalista, una palmera arqueada, nubes en movimiento y cielo en blanco y negro. Sí, en blanco y negro. Así fue la realidad que veía Javier Campano hasta hace pocos años. Y es que su fotografía estuvo dominada durante más de un siglo por dos colores: blanco y negro. Javier Campano, fotógrafo español de reconocida carrera, tomó el bicolor como forma de acercarse a la realidad produciendo, de este modo, un gran número de instantáneas entre blancos, negros y grises hasta 2010 cuando escogió el color para continuar su trabajo. Este cambio implicó, como es de esperar, modificaciones en la tecnología que venía usando hasta ese momento, como el uso de cámaras digitales o, incluso, la pantalla de un móvil.

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Valencia, 1992, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Esta exposición recoge las inquietudes de Campano por el color, su recorrido en este formato en menos de un decenio y, sobre todo, la cultura visual de este artista. Campano en color es fruto del Premio Cultura otorgado por la Comunidad de Madrid (categoría fotografía) en donde se incluía la realización de una exposición en alguno de los espacios madrileños. En las cuatro plantas de la Sala Canal de Isabel II no se intenta realizar una retrospectiva, como nos comentaba su comisario Horacio Fernández, ya que Campano no ha culminado su actividad fotográfica. Muy al contrario, lleva, incluso, pocos años tomando el color para observar la realidad por lo continúa en este camino.

Debido al espacio expositivo, el famoso antiguo depósito de agua, contemplamos diferentes temáticas según vamos ascendiendo. Parece que el hilo argumentativo básico es el color, pero según se van subiendo las escaleras, se comprende un poquito mejor al autor y, sobre todo, se pueden adivinar sus obsesiones. Comenzamos en la planta baja, con lo que Fernández definió como pinturas abstractas, que se acercan mucho al neoplasticismo y en la que fotografías sin cartela permiten dejar a la imaginación del visitante cual podrían ser sus títulos. Prosiguiendo el ascenso, se observa un pequeño recorrido por imágenes del día y la noche. En la siguiente planta las fotografías evocan la calle, cada vez que el fotógrafo la pisa y, para culminar, una colección de tipografías y números, junto a la voz del artista y colaboradores de la exposición en una reproducción audiovisual.DSC_0027.JPG

Repeticiones

Detalles nimios y pasajeros, sombras, reflejos, viejos rótulos callejeros, fragmentos de personas o edificios. Son referencias que muestran su sello personal. Una de las primeras es la inexistencia de personas en sus fotografías. Se intuyen que han estado o que están ahí ya que las alusiones humanas aparecen, entre otros, a través de sombreros, maniquíes u objetos dejados descuidadamente en una habitación de hotel.

Otro de los lugares comunes resulta ser las ciudades, sus luces, su movimiento, sus edificios, su arquitectura y sus curiosidades. Hablamos en plural y decimos ciudades ya que, como podemos apreciar en la primera y segunda planta, sus viajes y el paso por ciudades alrededor del mundo le han ido dejando huella. A este título: Nápoles, Madrid, Lisboa…

Además, son dos sus obsesiones; los números y las tipografías. Atendámoslas por separado. Números. En la parte superior de la sala los números toman la palabra: 47, 11, 25, 77 y aparecen en diferentes posiciones, rodeados o sueltos, siendo reconocible donde se sitúan o, todo lo contrario, llegando incluso difusa su contextualización. Lo fundamental, en palabras del comisario, es que estos números son diferentes entre sí y han sido realizado con diferentes tipografías. No importa el formato, digital o análoga, o incluso polaroids, ya que los números se mantienen presentes en su cultura visual. Con este último punto nos acercamos a su segunda obsesión: las tipografías. P, O, E, S, Í, A parecen escribir letras individuales que, cuando se juntan, forman esta preciosa palabra y que alude a lo que, a veces, nos hacen sentir sus colores capturados .

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Campano, un apellido asentado

La exposición se presenta como un resorte más en la que se puede demostrar la relevancia de Campano como artista consagrado. Desde principios del decenio de 1990 las exposiciones en torno a su figura comenzaron. En 1991, la Universidad de Valencia le encarga diferentes exposiciones, algunas de ellas individuales, otras compartiendo espacio con otros fotógrafos. Justamente a comienzos del nuevo siglo, recibió la beca Endesa para las Artes Plásticas. Parte de estas becas y muestras vinieron acompañadas, como en el caso de la exposición que reseñamos, de libros o catálogos como el de la exposición Negro y Blanco de 1998 o una de las más importantes Arquitectura del Banco de España de 2001. Una de las más relevantes fue un encargo del IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno) dedicada a la arquitectura racionalista valenciana, como veíamos en la primera imagen seleccionada.

Si en estos años fue cosechando un nombre y apellido, hasta que en 2004 se presentó en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía una exposición individual titulada Javier Campano. Hotel Mediodía donde se mostraba al fotógrafo en su vertiente más viajera e incluso ya algunos trazos de color. En definitiva, a esas alturas del siglo XXI su nombre ya está asentado.

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Conclusiones

Javier Campano está instaurado como fotógrafo y la exposición ahonda en la capacidad del artista en emplear el color para jugar con la realidad y con la imaginación. Su visión no es solo personal, sino va más allá al presentarse sus obsesiones temáticas y entender la fotografía casi como una composición.

La muestra,  en definitiva, es una exposición reflexionada, que se adaptada al espacio que ocupa, ya que destacamos que cada uno de los espacios corresponde a unas temáticas concretas. Así, viendo cada espacio por separado se puede apreciar y dar sentido a cada una de ellas, viéndolas en su individualidad, pero sin perder de vista una perspectiva global.

Por otro lado,  observamos nuevas formas de comisariar exposiciones. Por ejemplo, con la presencia de fotografías pegadas y de tamaños diferentes, guardando orden y concierto, pero dando la capacidad al espectador de reordenar las imágenes en su interior. Asimismo, mediante la ausencia de títulos, en algunas ocasiones, deja al espectador que sea el protagonista, que decida la temática de la imagen e imagine nuevas realidades. Por último, estad atentos a la iluminación de un lado y otro de algunas salas, varían dependiendo de si lo representado es por la mañana o por la noche.

Destacamos a su vez el catálogo que nos posibilita  conocer nuevos datos sobre el fotógrafo gracias a los aportes de Sonia Berger, Horacio Fernández, Javier Ortiz-Echagüe, entre otros. Una gran parte de este catálogo está compuesto por imágenes reproducidas de originales que se pueden apreciar en la exposición. Destacan, a este título, una serie de polaroids de diferentes fechas que auguran las instantáneas venideras. Además, junto a las polaroids, encontramos otros originales, en este caso, los libros de viajes.

Para concluir, solo decir que el color inunda el antiguo pósito de agua gracias a la fotografía poética de Campano, interesante pasarse y dejarnos salpicar.

¿has ido a la exposición? En ese caso, cuéntanos qué te ha parecido. Si no, puedes decirnos lo que te atrae o lo que no de ella. ¡Nos leemos!

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