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La infancia en el Romanticismo. ¿Un invento de la época?

¿Qué? La infancia descubierta: retratos de niños en el romanticismo español
¿Dónde? Museo del Prado
¿Cuándo? Hasta el 15 de octubre de 2017
¿Cuánto cuesta? 15€ (incluye visita a la Colección General y otras temporales)

7,5€ reducida (también incluye acceso al resto del museo)

Gratis

Como en otras ocasiones, el Museo del Prado, a través de sus fondos, nos trae exposiciones atractivas que resultan perfectas para conducirnos hacia nuevos horizontes temáticos.  En esta ocasión, y de la mano del comisario Javier Barón -jefe de conservación de pintura del siglo XIX-, presenta una reflexión en torno a la representación de la infancia en el romanticismo. Así, llegando a la sala número 60 del museo, La infancia descubierta: retratos de niños en el romanticismo español se adentra en los vericuetos del retrato infantil entre 1842 y 1855 a partir de ocho cuadros de grandes pintores del momento situados en los dos focos artísticos del momento: Madrid y Sevilla. De este modo, nos dejan observar las impresiones que en la época tuvieron sobre la infancia y los atributos y connotaciones que habían de ella por parte de algunas de las principales de corrientes de pensamiento que imperaban en la época.

Además, es una oportunidad para observar cuadros guardados en sus fondos ya que hasta ahora, la totalidad de las pinturas expuestas permanecían en los almacenes del museo. Cabe ser mencionado el cuadro de Antonio María Esquivel que fue adquirido el año pasado por parte de la institución y se presenta como una de las joyas que da el eje principal a la narración de la exposición.

Un tema tan interesante y tan de boga como la infancia y sus representaciones nos sugieren muchas ideas y algunas notas que nos gustaría compartir. Por un lado, repasamos qué significó la infancia en siglos anteriores, según los apuntes de algunos historiadores hasta culminar en el romanticismo y debatir sobre qué nos quiere presentar el Museo del Prado en la exposición. A continuación, nos adentraremos en la representación de la infancia por los artistas y, finalmente, señalaremos qué sucedió tras el auge de otra forma de retratar a los retoños: la fotografía.

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Federico Flórez y Márquez,  Federico de Madrazo y Kuntz en el Museo Nacional del Prado.

La infancia, ¿un invento moderno?, ¿una infancia romántica?

Ya lo apuntaba Ortega y Gasset en su libro La historia como sistema y no nos debería sorprender “el ser humano no tiene esencia, sino historia”, señalando de este modo, la historicidad del ser humano. La infancia, por supuesto, también entra dentro de la historicidad, ya que cada época ha tenido una representación diferente, lo que implica ciertas connotaciones sobre las cuales encontramos investigaciones siendo este un fructífero campo de estudio. Como en todo asunto fructuoso,  encontramos también en la infancia, debates y enconadas luchas en el papel. Philippe Ariès fue uno de los historiadores que estudió la profusión de la infancia y llegó a la teoría que la infancia, tal y como la entendemos hoy en día y de la que somos herederos, comenzó en la época moderna. Otros investigadores, sin embargo, niegan esto y manifiestan que la infancia como cuidado, adoración al niño, amor, sentimientos y emociones filiales, también se puede rastrear, como si de una genealogía se tratara en épocas anteriores y geografías diversas. Como podéis ver, hay mucho escrito y muchos debates abiertos sobre el tema, nosotros os traemos una minucia en comparación.

Sin embargo, fuera de grandes debates hay cierto consenso de que, en cada época, alumbrada por diversas corrientes de pensamiento, se atribuyen a la infancia diferentes reacciones o elementos. De este modo, la exposición ahonda en la infancia en el romanticismo a partir de la representación de niños que los burgueses o nobles encargaron a los artistas.

La cronología propuesta es 1842-1855, que más o menos resulta ser la década política denominada como moderada (1843-1854). Para empezar, habría que dudar si en esa cronología en España había un romanticismo pleno e instaurado o, sobre todo, extendido a un nivel social y artístico. Asimismo, también preguntarse si los pintores expuestos se suscribieron de algún modo a esa corriente lo que, desde estas líneas, dudamos y luego veremos. Parece ser que el romanticismo es aquí señalado más como cronología laxa que realmente su sentido más filosófico o estético. Aun así, se señala que la concepción de la infancia en el romanticismo, en general, es importante ya que los niños están cerca de esa inocencia y tienen una sensibilidad no contaminada por la sociedad, así como una proximidad aún mayor con la naturaleza. Queda señalado en la exposición que este tipo de planteamiento de lo que significaba la infancia proviene de la Ilustración, pero es en el romanticismo cuando mayor importancia se le concedió como nos dice su comisario: “Es una forma de que el hombre mantuviese las cualidades del niño”. Por estos motivos, las pinturas infantiles se erigieron como uno de los encargos fetiches de la clientela burguesa.

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Manuel y Matilde Álvarez Amorós,  Joaquín Espalter y Rull en Museo Nacional del Prado.

La muestra del Prado

La exposición presenta, como venimos apuntando, ocho retratos infantiles de conocidos artistas que, aunque diferenciados en dos localidades de España, al final desarrollaron sus carreras en la capital. Los autores, con diferentes edades a la hora de ejecutar estas piezas y adscritos a diversos movimientos y particularidades estéticas, representaron a la infancia con particularidades individuales mostrando signos de cambio y continuidad -dinámica clásica en la historia- y la variedad de posibilidades pictóricas en la década central del siglo XIX. Son, en definitiva, una muestra amplia de las maneras de representar la infancia.

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Luisa de Prat y Gandiola, Vicente López Portaña en el Museo Nacional del Prado.

Por un lado, una parte importante de los artistas presentados se adscriben al academicismo y tendencias aún dieciochescas, o incluso anteriores, como Luis Ferrant y Llausás o Vicente López Portaña con su pintura Luisa de Prat y Gandiola, tanto en representación como en simbología, ya que en un caso la niña representada parece una mujer en pequeña escala o bien el otro incorpora elementos simbólicos del Antiguo Régimen. Incluso el mismo Federico Madrazo en su cuadro Federico Flórez y Márquez parece tener relación con el cuadro El príncipe Baltasar Carlos, cazador tomando la herencia de los maestros como Velázquez.

Asimismo, aparecen elementos asociados a la Ilustración que imperaron en el XIX y continuaron presentes, de un modo u otro, en el romanticismo, como la asociación de la infancia con el mundo natural. Así, algunos de estos infantes aparecen retratados en paisajes y entornos naturales. En ese sentido destaca especialmente Rafael Tego Díaz con una ejecución del paisaje que le destaca como buen paisajista en la obra titulada Niña sentada en un paisaje. Por otro lado, y como cuadro que condensa los diversos atributos de la infancia, en sentido algo ilustrado, pero con una lectura también liberal, se presenta el cuadro Raimundo Roberto y Fernando José, hijos de SAR la Infanta Josefa Fernanda de Borbón de Antonio María Esquivel. En este aparecen retratados los hijos de quienes lo encargaron, Josefa Fernández de Borbón, hermana de Francisco Asís de Borbón, y Jo,sé Güell, periodista cubano de ideas progresistas. Debemos señalar, como breve apostilla, que tras casarse ambos, ella perdió el título de infanta y que Güell fue un conocido liberal y estimamos que amigo de Esquivel, ya que aparece en el famoso cuadro Los poetas contemporáneos. Si volvemos al que observamos en la exposición, en el cuadro abundan los ideales de educación liberal, ideales rousseaunianos expuestos ahí de una manera casi ilustrada, , en la que los niños son representados como pastores arcádicos. Gracias a otros elementos, como el collar del perro donde consta la palabra Libre o el hecho de salir liberando unos pájaros de su jaula también podemos aportarle una lectura liberal. Se justifica, a su vez, este cuadro con un extracto de un poema de José Güell “A mi hijo Raimundo” (Lágrimas del Corazón, Valladolid, 1854).

A pesar de ello y las posibles influencias que tuvieron los artistas sí que señalamos nosotros cierto consenso en dos elementos que observamos en todos los cuadros. El primero de ellos es la presentación de la infancia con ropajes muy cuidados, atributos que mostraban el poder de su familia que fueron burgueses que hicieron fortuna en esa cronología.Es decir, estamos ante retratos pedidos por sus padres, todos ellos burgueses que solicitan los cuadros a modo de moda o influencia. Aunque no se sorprenda si ven relación con la nobleza, ya que en esta época hay numerosos matrimonios entre burgueses y nobles uno de los procesos de ese momento. Por otro lado, otro de los elementos comunes es el rubor de las mejillas que implica expresión de viveza y lozanía, pero también  de fuerza y en definitiva juventud, aspectos que ha sido destacado en diferentes épocas y en diferentes geografías.

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Raimundo Roberto y Fernando José de  Antonio María Esquivel en el Museo Nacional del Prado

Retrato infantil tras el Romanticismo ¿qué fue de ellos?

Como veníamos apuntando, la burguesía solicitó este tipo de retratos para mostrar su poder, pero ¿continuaron representando después a la infancia? Debido a la delimitación concreta que realizan en esta exposición, no queda claro si esta tipología de retratos continuó en el tiempo. Para responder a esta pregunta tenemos que conocer la época. En 1839 se obtuvo la primera fotografía y desde esas fechas el nuevo invento, la cámara fotográfica, no cesó su expansión. De esta manera, no podemos eludir que a mediados del siglo XIX la fotografía comenzó a irrumpir en la sociedad y que la burguesía sería el conjunto de la sociedad que primero podría acceder a ella por su elevado precio.

A pesar de no nombrar esta realidad en la exposición, aspecto comprendido al no poseer fondos fotográficos en la institución, entendemos que el público queda con la duda de ¿qué pasó con el retrato infantil?, ¿acabó con el romanticismo? La respuesta ya la vamos adelantando, los retratos infantiles cambiaron de formato, encontrando con mayor frecuencia según avanza el siglo fotografías de infantes, de niños pequeños. Algunas de las más corrientes pasaron a ser fotografías de niños recién nacidos y fallecidos a las pocas horas o días. Estas imágenes resultan frecuentes en los fondos de museos que albergan fotografía como el Victoria and Albert Museum.  Asimismo, los detalles a los que prestaban atención, como la vestimenta, continuó siendo fundamental en las imágenes capturadas.

Con el paso del siglo XIX al XX, las fotografías en estudios se multiplicaron exponencialmente y llegaron a nuevos públicos debido al progresivo abaratamiento del invento. Una de las fotografías más comunes y traída a colación por parte de Walter Benjamin representa a uno de los famosos literatos de principios del siglo XX: Franz Kafka. En la imagen, Kafka posa en un estudio durante un pequeño periodo de tiempo, perfectamente vestido a deseo de los padres y rodeado de elementos externos que complementarían la imagen. Estos tres elementos nombrados, son parecidos a los que componían los cuadros sobre infantes expuesto por el Prado. A pesar del cambio de formato, se produjo la adaptación de uno a otro, con pequeños cambios, pero lo esencial permaneció, no solo en las imágenes  infantiles, pero también de cualquier persona.

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Cuando Kafka era niño, colección de Walter Benjamin

Conclusiones

La infancia descubierta: retratos de niños en el romanticismo español es una interesante muestra con la que aprender a mirar de nueva forma las obras de arte, con la que se puede comprender los ideales ilustrados y cómo se arrastraron hasta el romanticismo, el liberalismo imperante en algunos burgueses, observa a pintores, en general, poco conocidos de la época isabelina o comprender la combinación del paisajismo, con la infancia y qué representaba. En definitiva, a pesar del espacio reducido de la muestra, gracias a las ocho pinturas podemos adentrarnos en una más de las facetas del siglo XIX que siempre sorprende.

Bibliografía

Philippe Ariès: El niño y la vida familiar en el Antiguo Régimen, Madrid, Taurus, 1987 (primera edición en 1960).

Philippe Ariès y Georges Duby: Historia de la vida privada. 5 vols., Madrid, Taurus, 2001 (primera edición en 1985-1986-1987).

Walter Benjamin: Sobre la fotografía, Valencia, Pre-Textos, 2015 (sexta edición).

José Ortega y Gasset: La historia como sistema, Madrid, Biblioteca Nueva, 2007 (primera edición en 1935).

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