Exposiciones/Exposiciones ya finalizadas

El arte tranquilo de Clara Peeters. Mujer y pintora

¿Qué? El arte de Clara Peeters
¿Dónde? Museo del Prado
¿Hasta cuándo? Hasta el 19 de febrero
¿Cuánto cuesta? 15€ (incluye visita a la Colección General y otras temporales)

7,5€ reducida (también incluye acceso al resto del museo)

Gratis (ver condiciones)

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Fotografía propia

En el post de hoy comenzaremos lanzando algunas preguntas. Tranquilos, no son difíciles. Para empezar, ¿cuántas mujeres artistas conoces? Seguramente varias, algunos de vosotros conocerá más, otros menos, pero seguro que un buen número. De estas, y siendo un poco adivinos, seguro que una gran mayoría vivieron y trabajaron en el siglo XX, ¿a qué sí? Quizá alguna mujer del siglo XIX o incluso alguna el siglo XVIII, como muy posiblemente Mary Wollstonecraft. Otra pregunta ¿Cuántas de ellas fueron pintoras? En esta cuestión, los nombres que resuenan y que se manejan, por desgracia, desciende enormemente. Pero aún más, nos atrevemos a decir, si nos centramos en el siglo XVII pocos ejemplos vienen a la mente salvo, quizá, uno que resuena fuertemente por Madrid en estas fechas y gracias al Museo del Prado. Sí, sí, hablamos de Clara Peeters.

Clara Peeters fue una pintora de la que muy poco se sabe con certeza, ya que la bruma que a veces supone el tiempo y la invisibilización de las mujeres en ciertas etapas disipó su trabajo y persona. No obstante, actualmente la labor de historiadores e historiadores del arte pretende revertir sus efectos, y en la medida de lo posible, alumbrar su labor y su historia. De este modo, y desde hace unos meses, se puede ver una muestra de bodegones que pintó Clara Peeters en aquel siglo ya tan remoto. El objetivo del comisario, Alejandro Vergara, y general del museo es precisamente visibilizar la actividad de esta mujer y situar y resaltar ese grupo de mujeres que fueron pintoras. Así, a esta exposición le acompañaron varias conferencias por expertos sobre estas temáticas con el fin de desentrañar y arrojar luz sobre mujeres artistas en la edad moderna o la figura de pintoras y su identidad y divulgar la figura de Clara Peeters. Desde este espacio queremos señalar algunas reflexiones que nos has suscitado la exposición y apuntes para profundizar en la propuesta del Prado.

 Bodegón con pescado, vela, alcachofas, cangrejos y gambas, Madrid, Museo Nacional del Prado.

Bodegón con pescado, vela, alcachofas, cangrejos y gambas, Madrid, Museo Nacional del Prado.

Clara Peeters.  Época artística

El tiempo artístico en el que vivió Clara Peeters comenzó con el florecimiento del bodegón o naturalezas muertas -que consiste en la introducción de elementos cotidianos, alejados de un sentido trascendental- como tema artístico en un contexto general europeo, aunque cultivado con profusión en los Países Bajos y muy especialmente en Amberes. No obstante, esta temática no era totalmente nueva, ya se venía fraguando desde finales del siglo XV y en el XVI estaba asentada en esos territorios gracias a la labor de algunos autores, como Caravaggio. Además, las naturalezas muertas supusieron una visión naturalista de la vida, contraria al idealismo imperante pocos años antes con el objetivo de elevar el espíritu. Este incipiente naturalismo convivió con el idealismo y fue profusamente cultivado en Amberes. El bodegón, por tanto, se cultivó con profusión en los Países Bajos consiguiendo en el momento de la producción de Peeters un nicho en el mercado y presentarlo como un elemento innovador, representado por artistas tan relevantes como Frans Snyders o Osias Beert, este último se especula que pudo ser el maestro de Peeters.

Se teoriza que la finalidad de las naturalezas muertas podría basarse en adornar los salones de los miembros de las altas esferas, lo que podría significar distinción social y representación del poder. Pero también por clases no tan altas con cierto deseo de identificarse con ellas y adoptar su modo de vivir, aspecto que veremos más adelante.

Por otro lado, si el bodegón es la corriente temática de Clara Peeters, también debemos situarla dentro de ese grupo de mujeres que pintaron. En el siglo XVII las mujeres tenían dos medios para acceder a la formación artística. Por un lado, al ser miembros de las clases elevadas y las nociones sobre pintura eran un elemento más de su formación, aunque no se llegaba, generalmente, a una profesionalización. Por otro, si alguna figura masculina de su familia poseía un taller artístico. Para la formación masculina, esto consistía en permanecer años en el taller de su maestro aprendiendo, aunque las mujeres tenían la entrada vetada al no poder entrar en los gremios (solamente los hombres podían ser parte de ellos). No obstante, sí que tenemos constancia de la presencia de mujeres en talleres artísticos ejerciendo labores administrativas o de ayudantes, como se indica en las conferencias que os dejamos antes. Por último, en caso de que las mujeres se dedicaran a la pintura no solían recibir honorarios por sus cuadros, al ser algunas de ellas miembros de la corte y regalaban sus obras.

Algunas personas han querido ver que Clara Peeters realizó un doble gesto de valentía y muestra de fuerza, en primer lugar, por ser una mujer que se abrió paso en el camino del arte y, en segundo, al apostar por un tema floreciente e innovador como lo fue el bodegón.

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Clara Peeters. Pintora

Muy poco es lo que se sabe con certeza sobre su obra completa y su propia vida. La fuente principal para poder reelaborar una suerte de biografía es precisamente la mirada atenta sobre sus cuadros y el conocimiento de su época. Se estipula que su fecha de nacimiento fue entre 1588 y 1590 y su fallecimiento en 1621 a través de su signatura en los cuadros. Amberes podría haber sido su ciudad de nacimiento, o al menos en la que desarrolló su labor, debido a un documento de inventario de la ciudad en 1628 aparece un bodegón pintado en el que se consta: “Clara Peeters de Amberes”. Asimismo, en las tablas de madera de roble que empleó para pintar consta el sello gremial de los madereros de Amberes, al igual que el cuchillo que encontramos en sus cuadros introduce el sello del gremio de plateros de Amberes.

Observando sus cuadros y calidad es evidente que no era una pintora aficionada y hay varios elementos que nos conduce a pensar que se profesionalizó. Una de las razones apuntadas por su comisario, es por la imitación de su estilo en obras posteriores, lo que conduce a pensar que fue reconocida en su momento. Asimismo, ella se pintaba en sus cuadros como parte del reflejo en jarrones, botellas de cristal u otros. Con esto nos demuestra una gran maestría para captar la luz, pero, sobre todo, fue una forma de reforzar su presencia en la obra como autora, es decir, se entiende como un ejercicio para hacerse valer, para que conste su figura y nombre en un mundo eminentemente masculino.

Si nos centramos en el contenido de sus cuadros sobre este se ha especulado que hubiera presencia de otros pintores. Durante los siglos tratados era común encontrar en un taller diferentes miembros especializados en dibujar y pintar elementos concretos como frutas, platos, cubiertos… Se consideraba una práctica profesional la especialización de manera que se apreciara tu trazo en varios cuadros. Generalmente los de más alto nombre ponían los elementos distintivos mientras que quizá otros de menor habilidad o menor renombre realizaban otras partes para ahorrar tiempo y dinero. Según los expertos, también consta esto en los cuadros de Clara Peeters al considerar algunos trazos de menor calidad que otros. Más concretamente, en uno de los cuadros expuestos se observa un gavilán de poca brillantez técnica que es distinto al resto de pájaros en los que reconocemos la mano habilidosa de Peeters. Este gavilán resulta ser muy parecido en ejecución a lo que hacía otro pintor de la época. Posiblemente este cuadro estuviera destinado a una clase comerciante que buscaba imitar a clases superiores, su estilo de vida, pero que tenían un límite económico. Tras este ejemplo, la ejecución precisa y minuciosa de muchos otros trazos ha servido para identificar otros cuadros de Clara.

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Breves notas sobre los cuadros de Clara Peeters

Como habíamos indicado, en los bodegones o naturalezas muertas, constan principalmente, elementos comestibles, a la par que se fueron añadiendo otros objetos relacionados con el hecho de comer como lo son manteles, jarrones, platos, cerámicas, que desvelan la cultura gastronómica y material del momento. De esta manera, estos cuadros pueden ser tomados como fuentes para la historia cultural ya que desvelan parte de la cotidianidad de la época. Desde aquí enlazamos y queremos recordar la línea de investigación denominada como historia de la alimentación de gran relevancia para cronologías anteriores a la contemporánea en donde se estudian los hábitos de consumo, el negocio de los alimentos, los movimientos de estos, etc. En estos cuadros en concreto aparecen alimentos que se llevaban consumiendo desde hacía siglos en la zona de Países Bajos, pero que reflejan los hábitos y consumos de la época en landes y en zonas aledañas, aunque, como bien se anuncia en las cartelas explicativas, no todos ellos eran comunes en las mesas, como los alimentos confitados o los barquillos difíciles de producir. No obstante, Peeters dibujó y pintó un gran número de peces en sus bodegones y es la primera vez que constan en naturalezas muertas por el momento. La presencia de pescado en sus obras hace referencia al consumo popular, no de grupos sociales altos, y a la vigilia impuesta por gobiernos que podía durar incluso más de tres días.

Además, no solo constan alimentos, sino también objetos varios como un mantel donde todavía se muestran las dobleces y que demostraban, como indican un gran número de tratados de la época, buenas maneras de mantenimiento del hogar y presentación en la mesa. Así, da la ilusión de que se acaba de poner la mesa gracias a los pliegues o la colocación de los cubiertos – antes llevaba cada uno los suyos propios a la casa donde era invitado-. Como apuntó Norbert Elias, se comenzaban a mostrar los primeros pasos del proceso de civilización en donde se incorporaban, poco a poco, elementos que fueron definiendo la época.

No obstante, en las múltiples mesas que Peeters representó, cada una era única y, en ocasiones, se demostraba por los elementos extra incorporados. Estamos hablando de ricas conchas coleccionadas en las altas esferas, porcelana de Kraak que venía de oriente y que consta que se exportaba desde 1570 en los Países Bajos, así como elementos que solo se producían en Alemania, lo que nos dice mucho los signos de distinción que se buscaba resaltar en cada cuadro.

Por último, un elemento presente en todos los cuadros es la ilusión de realidad, de que pertenece a un mundo real que quiere dotar Peeters a sus obras. Aparecen gambas peladas, alimentos medio mordidos, gatos que están a punto de saltar sobre la pintora y el espectador, flores recién cortadas que aún se encuentra tan frescas como si acabaran de ser colocadas, e incluso algunos visitantes animales como un mono, una mosca, que muestra ilusionismo de que lo que vemos. Todo esto son técnicas que dotan de realidad y de acción al propio cuadro, sin embargo, es una teatralización y puesta en escena que indica irrealidad al combinar todos esos elementos cuya combinación resulta imposible en una mesa donde se comería.

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Conclusiones

La exposición constituye un gran esfuerzo para mostrar al público y visitante del museo una realidad hasta ahora olvidada: las mujeres pintoras que existieron y fueron reconocidas en su tiempo. El Museo del Prado cumple, así, uno de los requisitos que la sociedad actual venía solicitando, conocer y dar a conocer mujeres artistas a lo largo de nuestra historia y cómo se enfrentaron a su sociedad. Peeters tomó el realismo para mostrar su época, pero a la par la idealización de sus mesas para las naturalezas muertas. ¿Conchas, caracolas marinas, monos en la mesa? Esos no eran buenos modales, solo imaginación, coleccionismo y mostrar opulencia en un género que comenzaba a triunfar y al cuál ella aportó la presencia de pescado, hasta ese momento no presente.

Por otro lado, y algo más subjetivo, uno se puede perder en la composición de la artista, en la delicadeza de los trazos en el pincel, en la sensación de realidad y de contemplar alimentos frescos, aunque nos separen siglos. Se puede contemplar directamente a la artista, sintiendo que aún continua pintando en algún momento perdido de los tiempos. Casi oímos el tintineo de las copas.

Una exposición recogida en la sala D del Museo del Prado, exquisita por el buen sabor que te deja, repleta de detalles de una mujer con gran talento y mejor trazo. Esperamos que no sea la primera monográfica sobre mujeres artistas. Y a vosotros, ¿qué os ha parecido la muestra? ¿Querríais conocer a mayor número de mujeres pintoras?

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