Exposiciones/Exposiciones ya finalizadas

El impresionista íntimo: Renoir

¿Qué? Renoir: intimidad
¿Cuándo? Hasta el 22 de enero de 2017
¿Dónde? Museo Thyssen- Bornemisza
¿Cuánto cuesta?

General: 14€ (incluye visita a la exposición permanente)

Reducida: 8€ (incluye visita a la exposición permanente)

Gratis: desempleados y otros

dsc_0232.jpg

La exposición Renoir: Intimidad nos adentra en el mundo observado, visualizado, tocado y, sobre todo, vivido por Renoir desde mediados del siglo XIX.

Pierre-Auguste Renoir es uno de los nombres que llegan en primer lugar a nuestra mente cuando pensamos en artistas impresionistas franceses. El éxito, en caso de exposiciones en donde conste su nombre, está asegurado. Cualquiera que se pasee entre sus cuadros parece encontrar cierto canon de belleza asentado en el siglo XIX y que arrastramos hasta hoy en día.  En este caso, los visitantes de la exposición temporal del Museo Thyssen-Bornemisza pasan de un cuadro a otro señalando la belleza que encuentran en la luz capturada de las copas de los árboles o en las pinceladas impresionistas de Renoir.

A este título, entre finales del año 2016 y principios del siguiente son fechas claves para apreciar el impresionismo en España. Con esto hacemos referencia a la muestra sobre Renoir entre mujeres en Barcelona y la exposición que vamos a reseñar en el Museo Thyssen que pasará, tras su finalización, al Museo de Bellas Artes de Bilbao. De este modo se observan los esfuerzos por acercar al público español la corriente artística francesa, escasamente manifestada en los fondos de los museos españoles y que, a falta de una corriente definida en España, solemos identificar con la figura de Joaquín Sorolla (del cual os enseñaremos su lado más internacional en breves).

Recorriendo la intimidad renoiriana

Sin más dilación, Renoir (1841-1919) dejó en su legado más de 5000 cuadros, entre los cuales, en esta exposición, han recorrido medio mundo un total de 60. Entre estos la cronología abarca desde 1864, con retratos de carácter realista, hasta pocos años antes de su fallecimiento. Sin embargo, meses antes de 1870 comenzó el esplendor impresionista, no solo en su producción, sino en la de sus compañeros impresionistas (todos ellos rechazados por la academia por salirse de los parámetros artísticos de la época) como Monet o Degas. Por otra parte, nos exponen cuadros traídos de diferentes y variadas partes del mundo desde Israel, pasando por centros artísticos de gran relevancia europea, hasta algunos museos de Estados Unidos y Centro América, sin olvidarnos de las obras en posesión privada que, en pocas ocasiones, podemos contemplar.

Guillermo Solana, comisario de esta exposición y director artístico del museo, intenta acercarnos a Renoir atendiendo a su intimidad a través de cuatro elementos: su empatía con lo representado, el orden de las salas, la aparición de diferentes personas cercanas y la recreación del ambiente en que pintó Renoir.

“Me gustan los cuadros que me dan ganas de pasearme por ellos cuando es un paisaje, o bien pasar la mano sobre un pecho o una espalda si es una figura de mujer […]”. Estas son las palabras de Renoir transcritas en el único texto introductorio de la exposición. Con estas se apunta la búsqueda de Renoir de la empatía con lo retratado, ya fueran personas, paisajes o ambos elementos anteriores combinados. Esto destaca si lo comparamos con otros artistas impresionistas, sobre todo Degas o Pissarro, que prefirieron tener una figura ambigua que se identificaba con los paseantes sin rumbo de la época: los flâneurs. Renoir empatizaba con ellos, lo que provoca la ruptura entre el cuadro y el espectador produciendo sensación de cercanía. Por tanto, mediante un argumento de comparación logramos conocer el método renoiriano de acercarse a sus pinturas. Lo que nos muestra, desde un primer momento, la intimidad de la que nos habla la muestra.

El orden establecido para mostrar sus obras también nos devuelve a su mundo recogido en las pinturas. La exposición se articula en siete espacios que comienzan con impresionismo entre lo público y lo privado que nos lleva a pensar en la fina línea que separa los dos espacios al entremezclarse momentos de intimidad con su familia, amigos- como el matrimonio Monet-, lugares públicos de las afueras de París, como restaurantes como muestra el cuadro Baños en el Sena (La grenouillière).

Resultado de imagen de Baños en el Sena (La grenouillière

Baños en el Sena (La grenouillière)

 

Mientras que en este primer espacio se muestra el impresionismo más ortodoxo donde se aprecian los juegos de luces o el tratamiento del blanco en los ropajes, en el siguiente espacio, retratos por encargo muestra la crisis financiera y personal de Renoir. Durante estos años aceptó cualquier trabajo encargado de la burguesía francesa que solía consistir en retratos de familias adineradas en donde vuelve a buscar el carácter psicológico de los retratados. Durante estos años siguen apareciendo pinceladas impresionistas, pero se replantea sus influencias tras viajes por Italia y encontrarse los volúmenes, figuras marcadas, formas del Renacimiento o Ingres.

En la tercera parte de la muestra titulada placeres cotidianos aparecen escasos cuadros en un espacio pequeño o fácil de ver. Así, se ha querido recoger cuadros con temáticas, como si de una miscelánea se tratara, naturalezas muertas, familiares tocando instrumentos de música o La trenza que destaca para por el tipo de volumen robusto, y colores que emplea, no siendo habituales en Renoir.

pierre-auguste-renoir-la-trenza-1886-1887

Pierre-Auguste Renoir. La trenza. 1886-1887.

Paisajes del norte y del sur recoge en un gran espacio lo que Renoir nos avisaba en la frase recogida con anterioridad. Son todos ellos cuadros que entran ganas de recorrerlos -de ahí que en muchos de ellos consten individuos-, dar un paseo y todo gracias a la fluidez de las pinceladas, su tratamiento o, incluso, su pequeño tamaño. Dentro de esta selección está incluida la montaña Sainte-Victoire retratada posteriormente por Cézanne.

 

Sin embargo, la relevancia de los más cercanos, es decir, la intimidad que tenía con ellos, su familia, sus hijas, sus amantes, hasta ahora en la exposición se había manifestado en escasas obras. Una vez que se llega al quinto espacio, la familia y su entorno, te da de lleno. A partir del 1885, año del nacimiento de su hijo Pierre, la presencia de su familia se multiplica gracias a las maternidades al aparecer su mujer e hijos. Si con Pierre regresó a la intimidad del hogar, fue su hijo Jean Renoir, el que apareció en numerosos retratos como Jean Renoir en chasseur (de caza) de inspiración velazquiana. Es en esta última parte cuando aparece Renoir como pintor, pero también como padre y esposo.

Resultado de imagen de jean renoir en chasseur

Jean Renoir en tant que chasseur, 1910

Esta misma introducción a la vida del artista se produce con la última sección con obras bañistas en donde la intimidad es casi parte del título por la desnudez, las curvas y líneas rectas que invaden el mundo de las sensaciones y de la sensualidad o, incluso, el mundo íntimo femenino y la feminidad en sí. Esta temática sigue los planteamientos académicos del dibujo, los bocetos previos a la obra y las inspiraciones en autores renacentistas que marcan el trazo de Renoir.

Así, gracias a la introducción de elementos familiares o amistades podemos embarcarnos en la intimidad renoiriana. Especialmente gracias a su hijo Jean del cual toman en el texto introductorio sus palabras para describir a su padre “miraba las flores, las mujeres, las nubes del cielo como otros hombres tocan y acarician” e, incluso, escribió un libro sobre él[1].

La última sala, Un hermoso jardín abandonado, es el espacio que tiene el espectador para seguir el hilo conductor de la exposición y el más novedoso en particular de la muestra y, en general, de las exposiciones sobre pintura. Se trata de la recreación del cuadro, presente en la exposición, Mujer con sombrilla en un jardín mediante olores, sonidos, luz tenue, vista tapada y tacto. Es decir, se invita al visitante a descubrir la intimidad del artista, poniéndose en su lugar, jugando con los cinco sentidos al tener que tocar los relieves del cuadro u oler las amapolas del cuadro.

Resultado de imagen de Mujer con sombrilla en un jardín,

Pierre-Auguste Renoir, Mujer con sombrilla en un jardín, 1876

A modo de conclusión

En un principio parecía una redundancia una exposición en donde se volviera a tratar la intimidad de un artista. Aunque, si bien es cierto, es un título magnífico ya que a través de los cuadros y al discurso en ellos, accedemos a los espacios emocionales, resguardados y que más nos acercan al artista.

[1] Jean RENOIR: Pierre-Auguste Renoir, mon père, París, Gallimard, 1962. Traducción española en 1981 publicada por Sudamericana.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s